Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 23 Diciembre, 2016

Es hora de que los árbitros dejen de ser los actores del campeonato

Sigamos con el tema de ayer.

Sugeríamos que la Federación de Fútbol, la Unafut o un organismo independiente a la planificación del campeonato nacional, promoviera una “encerrona” con los cuerpos técnicos de los doce clubes de la Primera División para bajarles el tono a las críticas y cuestionamientos del trabajo de los árbitros, convertidos por los reclamos diarios de nuestros entrenadores en los más grandes actores del recién terminado torneo de Invierno.

Los árbitros son seres humanos, no son robots. Tienen sangre, alma, sentimientos, corazón y familia.

Quienes cuestionan el título ganado por el Saprissa, logrado según sus reclamos gracias a los favores de los silbateros, dan a entender que Horizonte Morado compró a los jueces que se vendieron para ayudarle al Monstruo a ganar la corona. Porque si no…¿qué otra interpretación se les puede dar a las quejas?

Entonces, estamos señalando directa o indirectamente que el fútbol costarricense está podrido y que en sus entrañas se instaló la corrupción. Si Saprissa campeonizó a puro pito tuvo que ser entonces porque los árbitros que lo favorecieron fueron comprados.

¿Esto es lo que creen miles de ticos, incluyendo algunos dirigentes y técnicos rivales del Saprissa en el torneo?

Es grave la insinuación.

Nosotros descartamos de tajo esta conspiración; creemos en la honestidad de nuestros silbateros y nos parece que la serie de yerros que en esta ocasión favorecieron al Monstruo y en otras oportunidades a equipos rivales, son meras circunstancias de cada uno de los partidos.

Pero, sí nos parece fatal y peligroso, que los dirigentes de un equipo sumen temporada tras temporada calificando a uno o dos árbitros como corruptos, ladrones e hijos de p…

Le puede costar mucho trabajo a un juez, por más pintado que sea, mantener ecuanimidad, equilibrio, justicia, concentración, si le toca pitar un juego decisivo al equipo cuyos dirigentes llevan meses tildándolo de corrupto y ladrón.

Perfectamente puede traicionarlo el subconsciente y tomar decisiones involuntarias en segundos, que perjudican al equipo que lo ha denigrado continuamente en el cumplimiento de su profesión.

Pregunto: ¿Cómo reaccionaría el técnico o el gerente de un club, ante una persona que todos los días le dice hijo de puta y ladrón?