Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 23 Febrero, 2018

Piquetes de las Águilas al Monstruo son letales

Impresionante la elegancia de don Miguel Herrera, director técnico del América de México. Como que nada tiene que ver un traje azul con el partido de fútbol, pero por ahí empieza la cosa.
Serio, apasionado, concentrado, saltó como un niño cuando Cecilio Domínguez dejó botado a Jordan Smith para anidar en el minuto dos, el primero de cinco en la jaula de Aarón Cruz.
Claro que físicamente el “Piojo” estaba en el Ricardo Saprissa, pero mientras su gran equipo humillaba al Saprissa, jugando como una máquina de construir muy buen fútbol, su mente estaba geográficamente más distante, pensando en una final de clubes que les ha sido esquiva a los equipos de su Patria.
Saprissa no fue hundido por un equipo mexicano. Fue arrasado por una selección de América, que instaló en la grama morada representantes de Argentina, Paraguay, Colombia, Ecuador y hasta un “forro” de Francia.
¡Qué equipazo, señores. Qué equipazo!
Tenía años de no ver en una cancha a un club de la Concacaf jugar tan maravillosamente bien al fútbol. Lo hicieron a ciegas, tejían y construían pases magistrales sin verse, sin mirarse, sin hablar.
Resulta que el goleador del equipo y también de la selección mexicana, Oribe Peralta no jugó de “nueve”, sino que se instaló en las narices de Alexander Robinson y Henrique Moura a pivotear, a distribuir, a servir, y fue el que gestó con pases de maestro la humillante goleada.
América desnudó al Saprissa; desnudó nuestro modesto fútbol y dejó en paños menores a nuestro insulso campeonato, carente de competencia.
Ahora: sabemos del potencial del enemigo, conocemos de sus estadios majestuosos y sus salarios millonarios, pero resulta frustrante y causa impotencia que nuestros mejores equipos entren asustados a la cancha y que sus respectivos técnicos pierdan los partidos antes de jugarlos.
La dirigencia del Saprissa también invirtió millones de colones para construir un equipo que diera lucha en Concacaf y firmaron a Robinson, Hernández, Barrantes, Bolaños, Venegas y Rodríguez para dar la cara por el Monstruo y por el fútbol costarricense. Este equipo de Vladimir Quesada no se formó para que asustado y temeroso se derritiera en un par de minutos.
Un aplauso firme y cerrado a estas “Águilas”, que volaron demasiado alto para tejer en las nubes un espectáculo de fútbol maravilloso.

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