Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 24 Enero, 2018

Carlos “Cañón” González merecía inmortalizarse

Escribo esto o reviento.
El nuevo estadio de Carmelita debió ser bautizado con el nombre de Carlos “Cañón” González.


Era la forma justa y correcta de inmortalizar a un hombre que le dio prácticamente su vida a este club.
Respetamos la decisión que tomaron los altos mandos actuales del club de la barriada alajuelense, de bautizar el nuevo coliseo con el nombre de don Rafael Bolaños.
Lo hicieron para rendir homenaje al papá del señor Hugo Bolaños, empresario que donó, regaló o colaboró con el terreno donde se construyó el nuevo coliseo.
No conocemos los entretelones de la nueva historia, que repetimos, nos merece total y absoluto respeto, pero sí nos sabemos de memoria, como miles y miles de costarricenses, la historia del famoso y querido “Cañón”, mecenas del Carmelita y héroe de mil batallas por su sobrevivencia.
Me recuerdo, por citar una sola anécdota, sentado en la verdulería de don Carlos en Barva de Heredia una tarde de verano para hacerle una entrevista, cómo se presentaron un par de señores a dejar una donación que ayudara a la construcción del nuevo estadio de Carmelita. Ni pidieron recibo, confiados en la honorabilidad de quien recibió el donativo.
No sabemos si con la muerte física de “Cañón”, se cortaron de tajo los sueños de ver a su amado equipo con casa propia y otras personas que también aman al club continuaron la obra desde otras trincheras.
Escuché decir el pasado fin de semana, que don Carlos González “nada tuvo que ver con la construcción de este estadio”.
¡Dios mío! Qué frase más dura y más injusta.
Dicen que nobleza obliga y con el mayor respeto para la familia Bolaños, para don Hugo y don Rafael, a quienes no tengo el honor de conocer, se hubieran puesto un millón de flores en el ojal, si hubieran bautizado el estadio con el nombre de Carlos “Cañón” González y pudieron levantar dentro de las instalaciones, un monumento con la efigie de don Rafael y una placa que reconociera que fue su familia la que hizo posible, gracias a la generosidad de don Hugo, la construcción de la obra.
Confío en que la familia Bolaños no tome a mal mi comentario; puede que mi ignorancia de cómo fue posible la construcción de este estadio me motive a escribir así, pero a corazón abierto lo grito.
El estadio de Carmelita debió llamarse por miles de razones: Carlos “Cañón” González.
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