Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 18 Junio, 2008

NOTA DE TANO


El periodista deportivo debe ser un orientador y si trabaja en un entorno absolutamente desorientado como resulta donde se mueve y habita el fútbol costarricense, más complicada su misión.
He escrito de fútbol desde las eliminatorias para el Mundial de México 70, de manera que tengo archivados demasiados discos rayados. Casi 40 años después, el doble del viejo tango que cantó Gardel, no se dan en el fútbol costarricense las decisiones revolucionarias que lo saquen del abismo y entonces, la tarea periodística se convierte en un sinsentido desgastante.
Y no es que el periodista tenga la razón o que la dirigencia tenga que hacer lo que en sus notas propone, pero mínimo, esa o esas plumas que pretenden orientar; las voces en la radio y la televisión que igual proponen ideas para enderezar la ruta, topan con la repetida realidad de que nada se mueve en la torre de control, para que los aviones aterricen en las pistas que conducen al éxito.
Eduardo Li no ha dado un solo paso revolucionario en su gestión, que lo haga diferente a lo que ordenó o desordenó por tantos meses Hermes Navarro. Pequeños detalles, cambios insignificantes, pero nada de peso.
Igual que Alexandre Guimaraes trabajó a su gusto y antojo sin ninguna supervisión técnica, dada que la Comisión de Selecciones nombrada, solamente se dedicó a viajar por todo el mundo, gratis, desde luego, tampoco a Hernán Medford le pusieron supervisor. Esto último de ordenarle a Carlos Watson que acompañe a Hernán en las prácticas, es burlesco.
Hablar de jugadores, de alineaciones y de posibles entrenadores no resuelve el fondo del asunto. La tragedia que vive el fútbol nacional a pesar de que ha ido a dos mundiales seguidos, solo ha servido para pagar salarios millonarios a jugadores que no se los ganan en la cancha.
El cáncer del fútbol costarricense es hondo y profundo y requiere entonces de bisturí hondo y profundo y ese cuchillo que rompa la crisis y que haga desangrar la mediocridad a raudales sobre la mesa de operaciones, hay que meterlo en las ligas menores, para que nuestros niños aprendan a jugar fútbol con maestros internacionales y no con jugadores retirados que se quedaron, la mayoría, sin trabajo por vagos.
El día que Eduardo Li se vaya a Croacia, a Rusia o a Brasil o adonde sea que jueguen bien al fútbol y contrate seis o siete técnicos para que vengan a trabajar en las ligas menores costarricenses, entonces sí, podemos decir que se ha dado el primer paso revolucionario en nuestro fútbol.
¡Que no hay plata!
Claro que hay dinero y de sobra.
Solo que hay que saberlo administrar y no regalárselo a 50 o 60 futbolistas de “elite” y a cuatro o cinco entrenadores que cobran como ricos y juegan como pobres, con todo el respeto para los (pobres) jugadores granadinos.

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