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No queremos una Caja que solo sirva para atender resfríos y alergias, pagamos por una institución que sea capaz de responder al asegurado como se lo merece


No todo en la Caja se resuelve con recursos financieros

La Caja se pudo levantar de su caótica situación financiera, después de estar al borde de la quiebra a finales de 2010.
No obstante, ese éxito no se traduce en una mejora en la atención a los asegurados, que en su mayoría son los que sostienen la institución con sus aportes cada mes.
Hoy, mientras la Caja cuenta con un excedente cercano a los $700 millones, lo cierto es que hay personas que van perdiendo la batalla en las listas de espera.
Un aspecto vital para sacar a la Caja de los números rojos fue desmenuzar a profundidad los ingresos y gastos de la institución.
Es un principio básico que se requiere identificar la enfermedad para establecer una cura.
Sin embargo, el ejercicio no es algo que se pueda practicar fácilmente para el caso de la atención médica.
A la fecha, la Caja no cuenta con un informe de las listas de espera a nivel centralizado, lo que significa que no hay un documento que diga cómo estamos a nivel país.
La respuesta es sorprendente si tomamos en cuenta que ya se está por cumplir el primer año de la administración Solís Rivera.
¿De qué sirven las listas de espera en los hospitales públicos? ¿Cómo puede planificar la Caja si no tienen el insumo básico para definir una estrategia? Estas son preguntas que se quedan en el aire sin respuesta.
El trabajo de la Presidencia Ejecutiva no debería ser el de salir a apagar incendios, o a bajar el tono a los escándalos. El trabajo de la institución es salvar las vidas a priori.
Al igual que en una empresa privada, se les exige a sus gerentes y así como el puesto del gerente financiero de la Caja dependía del rescate contable de la institución, la Gerencia Médica debería dar resultados.
La denuncia hecha por la directora de Cardiología del Hospital México, Sofía Bogantes, es de aplaudir. Más bien, es una lástima que los directores de unidades de otros hospitales nacionales o periféricos no salgan a denunciar lo que ocurre detrás de las paredes y que solo quede plasmado en los miles de expedientes, que al final solo guardan la vida de un paciente en un archivo.
Cada colón que ingresa a la Caja viene del bolsillo de un asegurado que confió en que el Seguro Social le retribuiría su inversión con atención médica.
No se vale que a hoy, la Caja no tenga respuestas de lo que pasa en un hospital o más, no se vale que una persona que cotizó toda su vida, tenga que esperar dos años para una cirugía.
Tener un Seguro Social sólido, que hoy se jacta de ser un ejemplo para el resto de América Latina, debe ir más allá del discurso. No queremos una Caja que solo sirva para atender resfríos y alergias, pagamos por una institución que sea capaz de responder al asegurado como se lo merece.

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