Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 28 Abril, 2011


De cal y de arena
No solo los Arias le serruchan el piso

No es exclusivamente por obra y gracia del acoso que le mantienen los hermanos Arias que el gobierno de la presidenta Chinchilla sufre una grave atrofia. Hay también, a lo interno, grandes falencias que le provocan contradicciones y tropiezos, errores y omisiones, que le están pasando cara factura. Sin un norte bien definido en función de los grandes problemas y asfixiantes necesidades que afronta la población, la administración también se desgasta por causa de la heterogeneidad del gabinete, su improvisada y atropellada agenda del día y la ausencia de liderazgo fuerte y convincente en la Casa Presidencial. Está entrampada en una inercia que le provoca la ineptitud política y doña Laura, en lugar de cambios cosméticos e ineficaces, debería ir a una remodelación de fondo.
El caso de la Cancillería es patético. Por ejemplo, eso de que Isla Calero haya quedado como tierra de nadie y fuera de nuestro dominio soberano es para que rueden cabezas. No ha sucedido así porque las animaladas del régimen sandinista son tan grandes que ejercen el efecto de distracción. En otro caso, la torpeza del Ministro de Seguridad Pública en esto de Calero y otros tantos e importantes asuntos no tiene parangón. Finalmente, cayó su cabeza pero no gratis; la Presidenta —sin firmeza ni olfato político— sufre el precio de la inercia. No menos tormentosa será la explosión del sector agropecuario a resultas de una crisis que “su” Ministra no da señas de entender. En el Ministerio de Hacienda se hace manifiesta la inexistencia de la habilidad política que se requiere para impulsar las decisiones técnicas, por consecuencia de lo cual la presidenta Chinchilla se metió en un callejón sin salida del que no va a salir sin sacrificar capital político.
Esta reforma fiscal es elocuente muestra de la impericia política que sofoca la administración. Es el proyecto de ley más combatido, anatemizado y desautorizado de los últimos tiempos. No hay partido político, ni fracción parlamentaria, ni organización social, ni entidad académica, que no le haya acusado imperfecciones y efectos dañosos. Aun así, el Ministro de Hacienda se aferra al texto con insólita tozudez, sin percatarse de que esta su nave ya hizo agua y que le está haciendo un flaco servicio a la Presidenta atándola a lo que ya perdió viabilidad. La mandataria debería retirar el engendro y darle las gracias a su autor antes de que sus debilitados poderes de negociación queden irremediablemente erosionados.
Ahí tiene el puente de plata que le ha tendido el Presidente del Partido Liberación Nacional, Bernal Jiménez, para salir del atolladero en que está. Si ella recela de los consejos de terceros extraños al gobierno, deténgase en los del acreditado y experimentado economista y empresario, también ex diputado, ex ministro de Hacienda y ex presidente del Banco Central, de probada vocación social demócrata, que en reciente reportaje al Semanario Universidad pide archivar lo que propuso Herrero y enuncia los grandes lineamientos de lo que debe ser una reforma fiscal con base técnica y política, progresiva e inspirada en la justicia tributaria.

Alvaro Madrigal