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Sábado 23 Agosto, 2014

No importemos posturas intolerantes del Medio Oriente. Por el contrario, exportemos nuestra experiencia para resolver conflictos por medio del diálogo. En Costa Rica sabemos que es posible diferir, sin exigir la exclusión o la eliminación de la otra parte


No importemos intolerancia

Cuando activistas pro-palestinosincitan públicamente a boicotear los negocios que pertenecen a ciudadanos costarricenses judíos y a impedir el acceso de estudiantes “sionistas” a las universidades nacionales, se nos debe encender una luz de alerta.
Irónicamente, estos activistas abogan por los derechos del pueblo palestino pero claman por discriminar a ciudadanos costarricenses por su religión o porque crean en el derecho del pueblo judío de vivir y convivir en paz con sus vecinos en la Tierra de Israel, su patria ancestral.


En Costa Rica, las libertades de comercio y de participación no están sujetas a que el ciudadano se adhiera a ninguna corriente de pensamiento en particular.
¿Debe ser marginado quien se asocie de alguna manera u otra con el Estado de Israel, aunque sea solo desde un punto de vista teológico?
Y si un estudiante no es judío pero se identifica con el sionismo como movimiento de autodeterminación del pueblo judío, ¿también se le debe impedir el ingreso a las universidades nacionales?
En un país democrático como Costa Rica, no hay lugar para este tipo de extremismos.
No importemos posturas intolerantes del Medio Oriente. Por el contrario, exportemos nuestra experiencia para resolver conflictos por medio del diálogo.
En Costa Rica sabemos que es posible diferir, sin exigir la exclusión o la eliminación de la otra parte. ¿Por qué este tema es de interés general?
Entre otras razones, porque mañana activistas de cualquier otra causa podrían llamar al boicot y exclusión de quienes piensan diferente, en perjuicio de la libertad de expresión y de nuestros valores democráticos.

Elizabeth Fachler Steinberg
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