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Sábado 2 Agosto, 2014

Las páginas más gloriosas de la humanidad, se han escrito con tinta y no con sangre


¡No hay guerras justas!

Israel y la Franja de Gaza, Ucrania, Siria, Irak, Sudán del Sur, son solo algunos de los ejemplos de conflictos armados que nos encontramos todos los días al encender el televisor, sintonizar la radio, leer el periódico o revisar las redes sociales en Internet. Y lo más lamentable es que se trata de la norma en la historia de la humanidad, pues lejos de resolverse los conflictos, observamos intermitentes ceses al fuego y la masacre, esperando que en pocas semanas o meses se vuelvan a reactivar, mientras estalla alguna otra barbarie en cualquier lugar del mundo.
Como en todo conflicto, ambas partes llevarán algo de razón, lo que irremediablemente provocará a quienes justifiquen para uno u otro bando la escalada del conflicto. Mientras que se debate cuánta razón y validez tienen los argumentos que se esgrimen, tendemos a olvidar o a ignorar que quienes se desangran en la calles son seres humanos como usted o como yo, con familia, sueños, aspiraciones, anhelos e ilusiones.


Lamentablemente, esta es la realidad y todo parece apuntar que así seguirá siendo durante mucho tiempo, pues ese elefante blanco llamado “comunidad internacional” es liderado por potencias que priorizan en intereses específicos de índole geoestratégica, financiera, de acceso a recursos e influencia política; donde un día censuran una guerra por injusta… al atentar contra sus intereses, mientras que al día siguiente, justifican otra considerándola necesaria… también para sus intereses.
De tal manera y bajo una suerte de burla institucionalizada, los organismos internacionales al mando de las grandes potencias, se rasgan las vestiduras con declaraciones simbólicas y actos mediáticos superfluos que no son más que paños tibios para aparentar preocupación e interés por los conflictos armados y sus víctimas. Mientras tanto, pequeños países como el nuestro, alzan la voz categórica y desesperadamente en defensa de los derechos humanos, la justicia, la igualdad, la negociación, la no discriminación y el pacifismo, sin lograr que de manera efectiva, integral y categórica, las potencias llamadas a intervenir de manera contundente, al ser provocadores o cómplices años atrás de la mayoría de los enfrentamientos al dividir antojadizamente naciones, alentando extremismos y financiando regímenes autoritarios, facciones o insurgencias, actúen de acuerdo con el derecho internacional en la búsqueda efectiva de la paz, la cooperación y la armonía.
¿Cuándo lograremos entender de una vez y para siempre que no hay guerras justas? La guerra no es más que tragedia, violencia, dolor, indiferencia e intolerancia. Se trata del reflejo de la histórica incapacidad de los seres humanos de resolver sus conflictos priorizando en similitudes y reconociendo, aceptando, integrando y tolerando las diferencias.
Sin embargo, y por frustrante que sea el proceso, bajo ninguna circunstancia se deben perder los ánimos; al contrario, cada día se debe seguir alzando la voz desde cualquier tribuna, condenando la injusticia, la violencia, la masacre, el hambre, la discriminación, la intolerancia y la desesperanza, pues como sabiamente afirmó Gandhi: “No hay caminos hacia la paz… la paz es el camino”.
Quizás algún día nos logremos poner de acuerdo y terminemos de entender que las páginas más gloriosas de la humanidad, se han escrito con tinta y no con sangre.

Tonatiuh Solano Herrera

Máster en Estudios Internacionales
[email protected]