Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 6 Noviembre, 2014

Basada en mi experiencia, creo que la dinámica de gestión de proyectos en nuestro país sigue sin evolucionar


No es un juego

El mundo ha cambiado, la forma de hacer negocios ha cambiado, los retos de las altas direcciones de las empresas, bancos comerciales, gobiernos, organismos internacionales, han evolucionado en el “fondo” de lo que se busca alcanzar.
Pero definitivamente los cambios estratégicos y cuidadosamente diligenciados en “el cómo” gestionar los recursos y definir la ruta crítica a seguir en procura de alcanzar esas metas, ha venido a marcar un antes y un después.
Esto en la manera en que se planean, diseñan y ejecutan, proyectos públicos y privados en función de los conceptos fundamentales de tiempo, costo y calidad, sumado a la dinámica de extensión de las capacidades productivas y competitivas que comprometen ahora más que nunca a todos los participantes, a mirar más alto y más lejos no solo por una cuestión de convicción, sino “por el deber ser” para permanecer en el mercado y reafirmar el prestigio que tiende a caracterizar a quienes no temen reinventarse con los cambios.
Cada proyecto es distinto, pero con sus diferencias, la definición de rutas críticas en la administración de proyectos, comparte principios que no deben ser obviados particularmente en proyectos de alto alcance y alto impacto, como serían, por ejemplo, proyectos energéticos o de infraestructura para impulsar el desarrollo social y económico de un país.
Basada en mi experiencia, creo que la dinámica de gestión de proyectos en nuestro país sigue sin evolucionar lo suficiente como para dejar atrás el abismo de atrasos, sobre costos, desviaciones presupuestarias, cuestionamientos, que han llenado los “libros de historia”.
A pesar de eso, seguimos negándonos a entender que en la práctica los efectos sobrepasan la dimensión de las cargas por intereses de la alternativa de financiamiento que hizo posible el proyecto (cuestión que al fin y al cabo termina siendo una lección de la que nadie aprende), y en cambio seguimos tratando de “nadar” en contra de la evidencia empírica que ya de por sí nos ha demostrado incluso dentro de nuestras fronteras, que es hora de “actualizar”, al menos, el cómo atender los proyectos que nos impactan como ciudadanos de un mismo país.
La gestión profesional de proyectos es un factor clave de éxito hacia el que necesitamos evolucionar definitivamente.
Existe aún una extensa diversidad de niveles de madurez en todas nuestras organizaciones privadas y públicas, que hace muy evidente nuestro rezago en este campo y suponen una barrera significativa para la mejora a largo plazo y alcance de las metas asumidas.
Aún es necesario realizar mucho trabajo para alcanzar la excelencia en la gestión de proyectos en nuestra región, pero no en vano uno de los proverbios más famosos se ha encargado de recordarnos que “un viaje de mil millas comienza con el primer paso”... para mí ese primer paso es que seamos conscientes que son mucho más caras las equivocaciones constantes en los proyectos, que el aprendizaje serio de la gestión de proyectos.
Administrar proyectos no es un juego y es nuestro deber tomar medidas en función de esa realidad.

Alejandra Esquivel
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