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COLUMNISTAS


¡No nos dejan trabajar! ¡Se paran en la escoba!

Emilio Bruce ebjreproduccion@gmail.com | Viernes 03 febrero, 2023


Sinceramente

He estado leyendo en redes sociales a apreciadas personas de bien señalar que la oposición no deja que el Poder Ejecutivo haga lo que quiere hacer. He leído con no poca sorpresa que la oposición no debería de existir. Con sorpresa leo que la oposición por oponerse atrasa, los acuerdos son imposibles y las negociaciones también porque lo que buscan es recibir a cambio del acuerdo ventajas corruptas. Algunos aseguran que la oposición “se para en la escoba” y no deja gobernar. Pues a negociar con altura, efectividad y denunciar ante la autoridad competente a quienes negocian sus propios intereses, a evidenciarlos denunciándolos, pruebas en mano, ante la fiscalía.

Recuerdo la oposición seria y fuerte en las administraciones de don Mario Echandi Jiménez y de don José Joaquín Trejos Fernández. Al final ellos prevalecieron negociando, imponiendo sus vetos, acordando, y con esfuerzo lograron ambos presidentes grandes administraciones.

Creo que es fundamental comprender cuál es el papel que juega en un régimen democrático la oposición. Comencemos por señalar que en la presente Asamblea Legislativa ningún partido tiene mayoría. Que los votantes en las elecciones de febrero de 2022 dejaron dividida la Asamblea Legislativa entre muchos grupos diferentes. Esta Asamblea está menos dividida que la anterior pero siempre con muchos grupos que no pueden aprobar leyes por ellos mismos sin ponerse de acuerdo con otros tantos. Así fue decidido por los electores, por el soberano, y no se puede cambiar más que en la próxima elección. Esto es significativo ya que la negociación es entonces la herramienta democrática indispensable para, buscando terreno común, sacar adelante el trabajo. La negociación y el acuerdo en la Asamblea Legislativa son el corazón de nuestro régimen democrático.

Más allá del deseo de tener una Asamblea que apruebe todos los proyectos del ejecutivo sin objeción ni reformas, es fundamental preguntarse cuáles proyectos han sido rechazados. ¿Cuáles proyectos no aprobados han sido los orígenes de la molestia de la bancada oficialista y del Poder Ejecutivo y sus partidarios? El Poder Ejecutivo y la bancada de gobierno no han presentado sino un puñado de proyectos. En realidad, la diferencia la hace la calidad de proyectos más que la cantidad presentada, pero son poquitos. Los proyectos presentados por el Poder Ejecutivo son los que le imprimen al país el direccionamiento deseado por el Presidente, sus ministros y sus diputados.

La elección de un presidente no es la escogencia de un dictador, o de una persona que reine suprema sobre los ciudadanos del país. La elección pretende escoger al mejor de entre los candidatos para que guíe al país, para que proponga y resuelva conforme a la ley y la Constitución tal como juró cumplirla en la toma de posesión. La elección es por un plazo limitado a cuatro años, permitiéndose la reelección alternada luego de un período de ocho años.

El puesto de un presidente de la república está contemplado y descrito en sus funciones y atribuciones en la Constitución y en las leyes de la república y solo puede hacer lo que aquellas expresamente dicen que puede hacer, todo con base en el principio de legalidad del derecho público establecido en el artículo 11 de la Constitución y en el artículo 11 de la ley general de la administración pública. Un presidente no puede hacer lo que desea sino lo que debe y puede de acuerdo con el ordenamiento jurídico. Eso lo saben y lo entienden los candidatos antes de someter sus nombres a la elección. Eso lo saben, lo entienden y lo juran cumplir los vencedores al asumir el mando.

Es claro también que los presidentes pueden querer cambiar sus facultades. Están los presidentes no solo en su derecho sino está dentro de sus posibilidades. Así las cosas, deben enviar a la Asamblea Legislativa las enmiendas a las leyes y las reformas parciales a la Constitución política que desean introducir. Deben negociar con las fracciones diferentes allí representadas sus objetivos y alcances. Una vez más la negociación y el acuerdo se colocan en el primer plano democrático. El espíritu de la democracia es que nadie tenga el poder completo y que todos gobiernen bajo las leyes y la Constitución política del país.

Los frenos y contrapesos, la división de poderes, la Constitución y las leyes nada tienen de corruptas. La cuidadosa construcción de la institucionalidad ha demorado muchísimos años. La evolución de las instituciones fundamentales del país no es resultado de ocurrencias ni de improvisaciones. La construcción de Costa Rica no es producto de caprichos ni de maniobras coyunturales sino de un esfuerzo sostenido por generaciones por hacer las cosas mejor. Todo puede ser mejorado y en consecuencia nuestros gobernantes deberían presentar las mejoras a leyes y a la Constitución con toda diligencia para la discusión pública.

Siempre hay que ser cuidadosos de lo expresado ya que podemos conducir al error a las gentes. Reflexionemos cada día sobre la inmensa ventaja de que algunos se “paren en la escoba” para que las cosas no se hagan por impulso, al calor de las pasiones, sino producto de un consenso social y político. Insistamos en la educación política del país en democracia y busquemos en todo momento fortalecer la institucionalidad.

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