Mishelle Mitchell Bernard

Mishelle Mitchell Bernard

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Jueves 28 Septiembre, 2017

Niñez en emergencia

Cuatro huracanes en fila en el Caribe, dos mortales terremotos en México, inundaciones por doquier en nuestro país… A los ojos de un adulto, estos son eventos que atemorizan y llaman a la prevención. A los ojos de un niño, los desastres naturales pueden parecer el fin del mundo, de su mundo.

La calamidad, unida a la falta de previsión tiene efectos en los adultos, pero también en los niños y niñas. Para ellos, la destrucción o daño severo de la casa, la muerte o lesión de un ser querido o de vecinos, la preocupación evidente de los mayores sobre el porvenir y el desarraigo súbito de lo que conocen como su espacio vital, causan incertidumbre y los someten a la pérdida de su noción de protección y seguridad.



Al enfrentar los efectos de emergencias causadas por la mano del hombre, o la naturaleza, normalmente prevemos acciones para diagnosticar, reparar y recuperar capacidades materiales de la familia, la empresa o cualquier organización. Pero muy pocas veces prevemos el resguardo y restablecimiento de un entorno sicosocial seguro y positivo para los niños y niñas.

Ante del desequilibrio experimentado, es frecuente exigirles a los niños y adolescentes estar quietos, no molestar, aislarlos enviándolos a otro lugar y pretender que todo está normal o atribuirles tareas para las que no están preparados.

Para un niño o una niña, las emergencias y desastres naturales y la exposición reiterada a las imágenes de la devastación, así como una atmósfera emocional negativa en su entorno pueden pasar una factura altísima. En muchos casos pueden sufrir estrés postraumático manifiesto en falta de apetito, falta de expresividad, retraimiento, o por el contrario, en una actitud totalmente desafiante ante el peligro. En cualquiera de los dos extremos, estas reacciones revelan comportamientos detonados por el temor.

Por ello, a pesar de la pérdida material, y de que recuperarlo requerirá mucho tiempo y esfuerzo, es importante planificar más allá de la estrategia material e incluir la estrategia emocional.

En World Vision, organización humanitaria y de desarrollo dedicada a potenciar el bienestar de la niñez, promovemos el establecimiento de Espacios Seguros para la Niñez, pequeños oasis en medio de la tragedia para que los niños sigan siendo niños. Allí pueden jugar, expresarse, ser escuchados y procesar su ansiedad.

Cuando llevamos abrigo, alimento y apoyos esenciales para auxiliar a las personas tras un desastre, pensamos también en los niños y niñas y centramos nuestra labor en crear espacios seguros para ellos. Un niño resguardado material, pero también emocionalmente, sabrá reponerse y desarrollar capacidades de resiliencia.

En la vida siempre hay riesgos, por ello es fundamental que en nuestra planificación personal, familiar, comunitaria y social para superar una crisis incluyamos previsiones para resguardar y tratar con asertividad el bienestar emocional de los niños y niñas. Hacerlo nos garantizará ciudadanos estables, que pese a la presión momentánea, puedan resolver con claridad los problemas sin añadir conflictos a la inestabilidad que de por sí causa una emergencia.

*La autora es Directora Regional de Comunicación de World Vision América Latina