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Sábado 14 Abril, 2012

Ni tanto que queme el santo...

Muchas han sido las situaciones difíciles que la Presidenta, Laura Chinchilla, ha tenido que enfrentar en estos casi dos años que lleva su Gobierno.

Estas han ido desde un conflicto casi militar con nuestro vecino del norte, por una isla que para la mayoría de los costarricenses era desconocida, hasta las “constantes renuncias” de altos jerarcas de Gobierno, por diversos cuestionamientos.
Sin embargo, existe algo que saltó a la luz pública unos meses atrás, después de que un grupo de expertos de la Organización Panamericana de Salud abrieron la Caja de Pandora, y que es lo que terminará de marcar el qué dirán los libros de historia acerca de la administración Chinchilla Miranda dentro de unos años.
Se trata de la grave crisis financiera y administrativa que atraviesa la institución más insigne de todos los costarricenses: la Caja de Seguro Social. Esa que desde hace 70 años ha curado de igual forma a ricos y pobres.
Sesudos informes de notables y expertos nacionales han venido a confirmar lo que se sospechaba: la Caja se encuentra en sala de cuidados intensivos y corre el peligro de morir si no actuamos a tiempo.
Una serie de medidas de contención y de racionalización del gasto, cambios en el modelo de incapacidades, cesantía, tiempos extraordinarios, disponibilidades médicas han comenzado a ponerse en práctica.
Estas medidas, aseguran los jerarcas de la institución, permitirán recobrar el equilibrio financiero y solventar el problema de gestión que está viviendo la Caja poco a poco.
Sin embargo, mientras se destinan ¢18 millones en la preselección de un grupo de candidatos a las cuatro gerencias de la Caja, los directores de los principales hospitales nacionales y regionales, claman por dinero ya que aseguran el recorte presupuestario paralizará la atención de pacientes en consulta externa y en emergencias entre las 4 de la tarde y las 7 de la noche a partir de julio.
Los servicios que corren mayor riesgo son aquellos que necesitan del pago de especialistas como pediatría, cirugía, medicina interna, obstetricia y anestesiología.
Mientras tanto, se espera la respuesta de María Eugenia Villalta Bonilla, recientemente nombrada como gerente médica de la institución y quien se desempeñó en los últimos años como directora del Hospital William Allen de Turrialba.
Doña María Eugenia, la pelota está de su lado, es su oportunidad de comenzar su gestión con el pie derecho, de espantar cualquier rumor o duda acerca de su nombramiento y demostrar que aunque la austeridad es vital en estos momentos, algunas veces es válido aquel adagio de dice que “ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”.

Johnny Castro
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