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COLUMNISTAS


Ni negro ni verde: multicolor

Arnoldo Mora [email protected] | Viernes 06 mayo, 2011



Ni negro ni verde: multicolor

Este 1º de mayo pasará a la historia, no por negro como en 1985, ni verde como pretendía el oficialismo, sino por multicolor, como la Alianza por Costa Rica, compuesta por cinco partidos de oposición. Según palabras de uno de sus principales artífices y actual presidente del Primer Poder de la Nación, Juan Carlos Mendoza, esta diversidad lejos de ser un obstáculo a la tan cacareada gobernabilidad, constituye su mejor garantía pues refleja la diversidad política real.
La fidelidad a la realidad constituye el punto de partida de cualquier análisis político que se pretenda serio debido a que es una condición indispensable para que podamos hablar de una democracia no solo formal, sino —lo cual es lo mas importante— real y, por ende, funcional.
No se puede gobernar democráticamente a espaldas de la realidad, a contrapelo de la voluntad popular. La libre decisión de los costarricenses, según se refleja en el resultado de las últimas elecciones, es que tuviésemos un gobierno de minoría. Como no me he cansado de repetirlo, en el primer domingo de febrero de 2010 ganó doña Laura Chinchilla (porque el 67% de las mujeres de todos los partidos la apoyaron) pero su partido solo logró un 35% en la elección de diputados. Esto explica que Liberación gobierna en Zapote pero en Cuesta de Moras, si bien tiene el grupo más numeroso de diputados, no alcanzó la mayoría (29). Por eso se vio obligado a negociar con los libertarios y con los evangélicos.
El error garrafal de Liberación fue creer que, con eso, ya eran un gobierno de mayoría. Por eso menospreciaron e incumplieron sus compromisos con los libertarios. Liberación creyó que los libertarios necesitaban de ellos más que ellos de los libertarios. Nunca creyeron que se daría la unidad en la oposición aduciendo que las divergencias (reales) ideológicas eran insuperables. Pero olvidaron aquello de que en política “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, lo mismo de aquel otro que dice que ”en política no se escogen los aliados”.
Desesperados, recurrieron al sucio recurso de comprar conciencias y de invocar el voto secreto para perpetrar semejante atropello a la democracia. No es comprando conciencias, ni fomentando la corrupción mediante el tráfico de influencias como se fortalece la democracia. Todo régimen auténticamente democrático se funda en valores. Si no hay ética en la función pública no hay democracia real.
La fortaleza de la Alianza estriba en que ha sabido escuchar el clamor popular que exige transparencia y decencia en el ejercicio del poder, ya que este no es absoluto sino delegado, por lo que solo se justifica si expresa la voluntad popular. De ahí que una de las primeras cosas que debe hacer el bloque mayoritario que hoy dirige Cuesta de Moras es tomar medidas para adecentar la política comenzando por casa.
Por eso deben revisar a fondo el reglamento de la Asamblea, suprimir el voto secreto la elección de personas. El ejercicio del poder debe ser público para que los ciudadanos puedan ejercer el control sobre el mismo. Juan Carlos Mendoza ha insistido en el respeto a todos los partidos. Este respeto debe darse, no solo a las personas, a pesar de que el diputado Molina no se lo merece como persona sino tan solo en razón de su investidura, y también en la prioridad acordada a la discusión de los proyectos.
Ciertamente la Alianza opositora tiene una gran responsabilidad. Pero Liberación también la tiene porque sigue siendo el grupo mayoritario en el Congreso, cuentan con el Poder Ejecutivo y en las instituciones autónomas y una innegable influencia en el TSE y el Poder Judicial.
Las responsabilidades de Liberación siguen intactas. Pero hoy la atmósfera política ha cambiado para mejor. Y eso es mérito de los partidos que, con espíritu visionario y patriótico, han sabido forjar alianzas para construir una democracia real.

Arnoldo Mora