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Ni el frío pudo con el metal de Megadeth
La banda se presentó el jueves anterior en el Estadio Eladio Rosabal Cordero en Heredia

En una típica noche decembrina, fría como pocas (calculo que debemos haber estado a unos 15ºC, aunque mi teléfono decía que eran 19ºC), los fanáticos del metal tuvimos una dosis de adrenalina de tres horas y media que, a decir verdad, dejó satisfechos a todos.
A las 7 p.m. dio inicio la presentación de los finlandeses Children of Bodom. Uno de los puntos altos de los últimos conciertos de heavy metal ha sido la puntualidad: 100 puntos para los organizadores. Siguiendo con el tema, Children of Bodom empezó a tocar con un estadio quizás a un 40% (producto, muy posiblemente, de las interminables e irresolubles presas para ingresar a la bella Ciudad de las Flores) y, debo decir, con una fanaticada que coreaba a todo pulmón sus canciones.
El grupo, compuesto por Alexi Laiho (guitarra y voces), Henkka Blacksmith (bajo), Janne Warman (teclados), Roope Latvala (guitarra) y un monstruoso Jaska Raatikainen (batería) hizo las delicias del público durante una hora y media, aproximadamente. Con un sonido que iba y venía (quizás por el viento, quizás por otras razones) los nórdicos demostraron su poder y contundencia en el escenario, con una base muy sólida y potente, en manos especialmente de Raatikainen (quien me impresionó enormemente).
A las nueve pasadas dio inicio (y ya con el Estadio quizás a un 60%) el esperado regreso de Megadeth. Uno a uno fueron saliendo los músicos, empezando por el fenomenal Shawn Drover en la batería. Le siguieron el interminable Dave Ellefson (bajo) y el guitarrista Chris Broderick (quien, al menos a mí, hizo olvidar que en algún momento existió Marty Friedman en el grupo). El éxtasis, el griterío y las manos levantadas ocurrieron cuando salió el pelirrojo Mustaine quien, pese a su fama de arrogante, tenía al público en el bolsillo aun antes de salir a la tarima.
Con un enorme carisma y un constante agradecimiento al público por estar presente, mismo que no paró de corear prácticamente ninguna de las canciones del grupo (a excepción, quizás, de su más reciente incorporación al setlist “Guns, drugs and money”), Mustaine y compañía demostraron por qué son considerados uno de los cuatro grandes.
Al ser las 10.30 p.m. ya todo había finalizado, para desdicha del frío, que no pudo con el metal.

Marcello Pignataro
Para La República
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