Bruno Stagno

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Lunes 20 Mayo, 2013

A menos de 12 meses de un cambio de gobierno, Managua está simplemente preparando el terreno para el próximo


Columnista

Ni concesión ni entrada en razón


Las recientes declaraciones provenientes de Nicaragua en el sentido de que ha desistido de construir un canal interoceánico en el río San Juan no cambian nada en el escenario de nuestras relaciones con nuestro vecino más incómodo. Son palabras que no aportan nada, pero dicen mucho.
Ciertamente no son una concesión y mal harían algunos de este lado de la frontera en interpretarlas como tal. No son una concesión por la simple razón de que el tal canal difícilmente será realidad no solo porque se requiere del aval de Costa Rica —de conformidad con los tratados, laudos y sentencias que norman nuestra frontera— sino principalmente por razones geológicas, hidrográficas, técnicas y demás.
Por lo tanto, el gobierno de Nicaragua no puede conceder lo que nunca fue. Por ende las declaraciones no merecen ningún rédito en contraparte. Deben tomarse como lo que son, meras palabras.
Tampoco son una entrada en razón y mal harían también algunos en interpretarlas como tal. Al igual que ha sucedido periódicamente desde 1824 o 1858, habrá otros momentos para que otras declaraciones o acciones malintencionadas encrespen las relaciones bilaterales en torno al río de la discordia.
Si bien dichas declaraciones no aportan nada, sí indican algo: que la administración Chinchilla Miranda —ya entrada en su ocaso temporal entre otros— ya no es la destinataria de los mensajes de Managua.
A menos de 12 meses de un cambio de gobierno, Managua está simplemente preparando el terreno para el próximo gobierno, y estas declaraciones en apariencia sensatas, están dirigidas a quienes dirigirán los destinos de Costa Rica a partir del próximo 8 de mayo.
Con ellas, Managua espera cosechar otra administración que, seducida por la hermandad y vecindad que nos une o guiada por la misma ingenuidad y credulidad que caracterizó a la actual administración en los primeros meses, baje la guardia en relación a la compleja agenda que nos une y divide.
Lo más cerca que estuvo Nicaragua de alcanzar su meta de contar con un canal fue en 1897-1899, cuando el presidente William McKinley, de Estados Unidos, comisionó a la Nicaragua Canal Commission para que determinara la factibilidad del río San Juan.
Pero la astucia y audacia de Philippe Bunau-Varilla, quien había sido gerente general de la construcción —ya para entonces suspendida— del canal de Panamá, enterraron los proyectos de Nicaragua.
La famosa estampilla fabricada por Bunau-Varilla mostrando al volcán Momotombo en plena erupción, la cual empleó en su correspondencia con los congresistas de Estados Unidos, cumplió con su propósito al favorecer la compra de las acciones del canal de Panamá gracias a la aprobación del Spooner Act en 1902.
Con 67 votos contra seis en el Senado, 260 contra ocho en la Casa de Representantes, Bunau-Varilla se salió con la suya y de paso dejó a Nicaragua y sus agentes en ridículo. Ojalá nuestro próximo gobierno tenga como mínimo una onza de esa astucia y audacia.

Bruno Stagno Ugarte