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Viernes 14 Noviembre, 2014

Están los que no superan la etapa de la negación. Para el presidente del partido la crisis no existe, solo tenemos algunos problemas


Negación y renovación en el PLN

La palabra de moda dentro de Liberación Nacional es “renovación”. Todos hablamos de eso, al punto de que ahorita se convierte en una palabra gastada. Irá perdiendo sentido, pues no está trascendiendo el mero discurso, y la práctica política del partido atenta contra la tan mentada renovación.
Los expresidentes Figueres y Chinchilla hablan de renovación, de un “nuevo Liberación Nacional”, de darle espacios a la juventud, etc. No obstante, no dieron gestos de acciones concretas en ese sentido.
¿Por qué no impulsaron los expresidentes a una persona joven y verdaderamente renovada para el puesto de tesorera?
No dudo por un momento de la capacidad y las cualidades de las compañeras que se lanzaron a ese puesto. Pero si de renovación, o si de mandar señales se trata, se debió buscar otras candidatas, nuevas y jóvenes.
En este aspecto falló la juventud, que tan beligerante ha estado en comunicados, pero que a la hora de tomar acciones concretas, se muestra ausente.
Otro grupo de militantes plantea la renovación desde un aspecto meramente orgánico y normativo. Hay que modificar los estatutos, hay que convocar un congreso y hay que aprobar un mal llamado código de ética.
Si bien es necesaria una reforma estatutaria, una mayor claridad en los postulados ideológicos y mayores muestras de los compromisos éticos del partido, la renovación esperada no pasa por ahí.
Ningún ciudadano está pendiente de cuál es el teje y maneje interno del partido. Nosotros no hemos perdido o ganado votos porque los diputados se eligen de determinada forma.
Luego están los que no superan la etapa de la negación. Para el presidente del partido la crisis no existe, solo tenemos algunos problemas. El señor Araya asegura que no descarta postularse nuevamente a la alcaldía de San José.
Ni que decir sobre las finanzas del partido y ese tufo plutócrata que queda luego de que los responsables de la debacle pagaran parte de la deuda, como si de una indulgencia se tratara. Bien que paguen, mal que se les aplauda por ello.
Dicho lo anterior, ¿cuál debe ser el camino para la verdadera renovación? En primer lugar, el gesto más poderoso es que cambie toda la burocracia del partido. Esto es como mínimo sustituir al Comité Ejecutivo Superior Nacional y al Directorio Político.
En segundo lugar, las figuras de poder dentro del partido deben dar un paso a un lado, aunque mantengan su papel de guías obligados en la conducción de la política del partido.
En tercer lugar, este nuevo grupo de personas que asuman la conducción del partido, debe dedicarse a replantear el mensaje hacia afuera, hacia los costarricenses.
Debemos recuperar la vocación de mayoría y hacer planteamientos que nos devuelvan la credibilidad como alternativa que puede ejercer el gobierno.
En este sentido, y como cuarto punto, la fracción legislativa debe someterse a las autoridades, y ser los ejecutores desde la Asamblea Legislativa de lo que decida el partido.
Luego vendrán los otros temas, pero en lo urgente e inmediato, necesitamos cambiar de mensajeros y de mensaje. La burocracia del partido no puede seguir haciéndose trampa al solitario.

Federico Ruiz W.

Politólogo