Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Viernes 5 Mayo, 2017

Reflexiones

Navegante de agua dulce

Si bien el año calendario oficialmente culmina el 31 de diciembre, para los gobiernos la rendición de cuentas y el cambio en la legislatura de cada primero de mayo, refleja la evaluación de su gestión anual. Es por eso que cada segundo de mayo tenemos un borrón y cuenta nueva, una oportunidad para volver a empezar y avanzar, sobre los derroteros de la patria. En cada nueva legislatura se renueva la fe y de una u otra forma, se definen los derroteros que habrán de orientar las decisiones país del siguiente año. Recuerdo con nostalgia los inicios de mayo durante mi infancia, siempre estaban mediados por la florea del café, las primeras lluvias y el renacer de los bosques, luego de un largo y seco periodo de verano. Así las cosas, los resultados de la acción de gobierno, típicamente se cuentan en el tercer año de mandato, dado que el cuarto y último año el poder político se diluye y de alguna manera, la sociedad transfiere a los posibles en la carrera presidencial, dicho poder. Se trata entonces de un año distinto, un año básicamente marcado por los logros o fracasos del gobierno.

En el caso del presidente Luis Guillermo Solís, el primer informe podríamos resumirlo en un berrinche acompañado por ilusiones, esencialmente marcado por acusaciones, promesas de cambio y muy poco, de resultados. En el segundo año, se diluye el discurso inquisidor en contra de la administración anterior y el Presidente, un poco más maduro en su gestión, se enfrenta esencialmente al dilema de los tiempos de acción y de la realidad presupuestaria, que esencialmente obliga a definir prioridades. Dicho periodo mostró un gobierno más realista, con un directorio de oposición que rompió la luna de miel del PAC con el Frente Amplio y sobre todo, con la Unidad Social Cristiana, generando un reacomodo en las intenciones del Ejecutivo y evidenciando, las debilidades de lo que el Presidente llamó en su momento, el mejor equipo para gobernar.



Buena parte de los resultados del segundo de mayo de 2016 fueron la continuación de obras de la administración Chinchilla Miranda. Así las cosas, la madurez de algunos procesos empiezan a dar resultados hacia mitad de la administración Solís, destacamos esencialmente la disminución marginal de la pobreza, la reducción de la inflación y el arranque de proyectos ligados al Sistema de Banca para el Desarrollo. Este tercer año de mandato, da cuenta de los primeros resultados atribuibles al gobierno de turno, elemento donde destaca el famoso puente de la platina, que se inaugura en su primera parte, no sin los inconvenientes del caso. Fracasos y excusas en otras obras de infraestructura y sobre todo, las de mayor importancia, la carretera a Limón, la carretera a San Carlos, la Ruta 1 a San Ramón y la circunvalación, que no terminan de arrancar. El deterioro del tren y los rezagos, en materia de obras en proceso en la Zona Norte y Sur del país, de infraestructura educativa y hospitalaria, ponen la nota en rojo en materia de infraestructura para la administración Solís Fallas.

El deterioro en los indicadores de seguridad ciudadana, la falta de compromiso y resultados del plan impulso en materia de empleo y la caída en la trayectoria de crecimiento económico durante este primer semestre de 2017, que augura un deterioro en los indicadores de precios, tasas de interés y tipo de cambio, nos ponen ante dudas razonables a lo que ha sido el principal logro de la administración Solís, la estabilidad económica. A nivel político, la administración Solís ha carecido de consistencia, la inoperancia y negligencia de algunos de los ministros y autoridades en instituciones autónomas, no solo han llevado a un desgranamiento de lo que en su día se mencionó fue, el mejor equipo, sino que ha llevado a nublar la principal argumentación de cara a la ciudadanía del partido de gobierno, la transparencia y probidad en la administración pública.

En este tercer año el Presidente ha salido menos del país, ha sido más cuidadoso con sus mensajes de prensa y ha puesto mayor énfasis al trabajo regional. Gran énfasis mediático en la atención de la emergencia relacionada con Otto, le ha ganado nuevos adeptos al gobierno, sin embargo, los pocos resultados en obra y su ambivalencia en materia de decisiones de mediano y largo plazo, siguen minando las bases de su gestión. El Presidente y su gobierno siguen careciendo de una conducción política clara y como bien se ha dicho, ha sido un navegante de agua dulce, más ocupado en el ajetreo de administrar, que en la dirección de largo plazo que caracteriza a un estadista. Como era de esperar, el discurso del presidente Solís destaca detalles de lo cotidiano en la gestión, desde puentes, escuelas y EBAIS, evade las áreas críticas y se concentra, en los logros atribuibles a su gobierno. Pareciera más la antesala de la campaña política, que un discurso de resultados. Su mensaje refleja más al político que al estadista. Lo demás, es historia.