Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 23 Octubre, 2015

Costa Rica, hace medio siglo o más, hizo grandes cambios disruptivos de impacto internacional. No se plantearon como estrategia competitiva, sino por convicción

Nadie se duerma

Hay sociedades que, parodiando a Newton, llevan sin variación su movimiento o la dirección de su velocidad. En los viejos tiempos ese comportamiento reiterativo no era tan grave, pero ahora nos enfrentamos al escenario más imprevisto que la humanidad haya enfrentado.
Necesitamos inyectar estímulos externos que permitan acelerar la velocidad y la dirección de la misma.
Hace bastantes años, conversando con un académico en la Universidad de Bari, le pregunté cómo podía la economía y la sociedad italiana no colapsar con tan frecuentes y abruptos cambios de gobierno. Me respondió: Hay una inercia en el cuerpo social, al margen de quién esté arriba, que permite mantener la velocidad y la dirección.
Todo ha cambiado. El nuevo escenario mundial es cada vez más impredecible, la incertidumbre es la regla. A los economistas este nuevo escenario los deja en una situación muy complicada, ya que los pronósticos están sujetos a tantas premisas que, en la práctica, hacen poco útil el pronóstico. La tarea se impregna de una mezcla de conocimientos y algoritmos razonables, con sabiduría propia de un gurú de la vieja India.
Los economistas no están solos, algo parecido ocurre a los sociólogos y politólogos. Ha sido más fácil fundamentar con cierto nivel de éxito lo que ya ocurrió que pronosticar muchos de los hechos sociales disruptivos de las últimas décadas. Es simplemente la dinámica del nuevo mundo.
Los empresarios y administradores son los que deben nadar en estas complicadas aguas, donde las oportunidades se cruzan con las fuertes amenazas. De pronto, un pequeño o gran empresario se da cuenta de que le apareció por Internet una competencia que lo arruinará, como le está ocurriendo a los taxistas de casi todo el orbe con el ingreso de Uber.
Hay cientos de ejemplos, como Amazon derribando librerías y otros negocios como un huracán… y lo que viene es más disruptivo, más veloz y más avasallador.
Ya la inercia, que pudo ser un sedante en tiempos más estables, no volverá a serlo. Al contrario, llegó la hora de inyectar velocidad y dirección para enfrentar exitosamente el nuevo escenario. América Latina, en términos generales, no está haciendo su tarea con visión a futuro, los países están empantanados en desafíos de poco alcance y poco avance.
Costa Rica, hace medio siglo o más, hizo grandes cambios disruptivos de impacto internacional. No se plantearon como estrategia competitiva, sino por convicción.
Así ocurrió cuando desapareció el ejército, o cuando se crearon los parques nacionales, o cuando se dio prioridad a la educación y la salud... Cada una de esas grandes transformaciones, aunque pueden haber estado en el alma tica, tuvo líderes con nombre y apellido al frente.
Cómo en la ópera Turandot, nessun dorma. Así es: nadie se duerma. Ojalá así sea, aunque quisiera tener buenas razones para estar optimista. Ahora más que nunca deberíamos pensar en los grandes cambios disruptivos que requiere el país.

Arturo Jofré
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