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Silla está vacía desde hace mes y medio
¿Nadie quiere el Mopt?

Sacar al país del rezago es el reto del nuevo jerarca

¿Nadie querrá asumir el Ministerio de Obras Públicas y Transportes? Al menos eso es lo que se percibe tras cumplirse mes y medio desde la renuncia del último jerarca.
A pesar de la revaluación de las acciones que da ser el mandamás del Mopt, las brasas que esperan al próximo inquilino de Plaza González Víquez podría ser lo que enfríe a quienes otrora se peleaban el puesto.
Sin embargo, no todo es negativo, pues quien asuma el cargo tendrá a su favor el contar con los recursos que no se han tenido en los últimos cinco gobiernos para mejorar las carreteras.
Por ahora la pérdida de confianza de empresarios ticos y de afuera que tienen relación con el gobierno es la principal repercusión que podría dejar el no tener ministro.
En cuanto al duro reto que espera al nuevo jerarca, el principal es sacar al país del hueco en competitividad en infraestructura en que se encuentra, sobre todo en carreteras y puertos.
El tema vial es la principal piedra, tomando en cuenta que hay obras que no pudieron resolver los ministros de la administración anterior ni los de la actual.
En cuanto a prioridades, el puente de la platina será el desafío número uno, no solo porque ahí se ha hecho casi de todo y en vez de mejorar cada vez está en peor estado, sino también porque está en la vía más transitada del país.
Sacar adelante la negociación para poder ampliar y devolverle la seguridad a la ruta que lleva de la capital a San Ramón es otro tema que espera ser resuelto.
En la lista de pendientes destaca además el sacar adelante la construcción del paso norte de la carretera de Circunvalación, mejorar la ruta a Limón y resolver las presas en la Uruca.
Por otra parte, en materia portuaria el trabajo que debe realizar no es menor, pues el país está entre los cuatro más deficientes del mundo.
En ese campo el nuevo jerarca deberá prestarle especial cariño a la tarea de sacar adelante la concesión de la megaterminal de contenedores en Moín.
Consiste en un puerto de 1,5 kilómetros, un rompeolas de más de dos kilómetros, 40 hectáreas de patios y 13 grúas portuarias.
Para que esta obra vea la luz, el nuevo ministro deberá velar que el Estado cumpla las obras y trámites que se comprometió a realizar para que la empresa privada pueda hacer la construcción.
Lo bueno es que el futuro jerarca no tendrá que preocuparse por dinero, que es la excusa que han puesto por años, ya que tiene a mano lo suficiente para pasar a la historia como un gran funcionario.
Hay más de $900 millones de créditos para mejorar el estado de la red vial y vienen de China otros $400 millones para la vía a Limón.
Además por los recursos para la reparación de la ruta a San Ramón y la construcción del megapuerto no tiene por qué preocuparse ya que se dará por concesión, por lo que buscar el financiamiento será tarea de las empresas a cargo de las obras.
En cuanto a las repercusiones de no tener jerarca en el Mopt, la principal es la falta de credibilidad.
Si bien el cargo lo ejerce de forma interina el viceministro Rodrigo Rivera, nadie puede garantizar que los compromisos que asuma no sean disueltos por el nuevo jerarca.
El Mopt quedó acéfalo desde el 23 de agosto, tras la dimisión de Luis Llach, quien había asumido el cargo solo dos meses y medio antes.
Llach había sucedido a Francisco Jiménez, quien dimitió a principios de mayo tras conocerse los presuntos actos de corrupción en la construcción de la trocha fronteriza.

Danny Canales
[email protected]

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