Multimillonarios también necesitan amor
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Multimillonarios también necesitan amor
Una empresa se dedica a buscar pareja a quienes más tienen

En el interior de una elegante mansión de Berkeley Square, en Londres, un grupo formado por ocho casamenteros ejecutivos ha pasado los últimos 23 años haciendo fortuna silenciosamente buscando pareja a millonarios sedientos de romanticismo.
Por una suma que oscila entre $24 mil y $93 mil, Virginia Sweetingham y sus consultores en amor de lujo de Gray & Farrar International investigan a fondo parejas adecuadas para clientes dispuestos a desechar las solicitudes más provocativas de dinero y amor.

“Hay un montón de personas ricas dando vueltas que están dispuestas a comprometerse, buscando lealtad”, dice Sweetingham, de 53 años, en referencia a su actual base de clientes de 750 hombres y 750 mujeres.
La edad promedio ronda los 40 años. El cliente más joven de la firma es actualmente un hombre de 22 años “ambicioso y concentrado”, el más viejo, un tipo “mayor de 70 con un gran sentido del humor inteligente”.
“En el caso de esta gente, la presión del trabajo es el máximo obstáculo para encontrar una pareja”, dice Sweetingham, madre sola de cuatro hijos, dando golpecitos en una pecera llena de pétalos de orquídea blancos en la acogedora sala de entrevistas de su empresa.
“Nuestros clientes quieren conocer gente nueva, ingresar en círculos sociales nuevos de una manera seria”.
“Muchos multimillonarios vienen a vernos, ostentando efectivo para comprar cualquier cosa que se les ocurra”, dice Sweetingham. “Nosotros no atendemos a personas con ese sistema de valores esenciales. Gray & Farrar no se ocupa de salidas casuales”.
Tampoco tiene nada que ver con Gray ni con Farrar. “No quería un nombre cursi para la empresa”, dice Sweetingham, que recorrió los apellidos de la guía telefónica y eligió Gray y Farrar como los más apropiados. “Necesitaba un nombre adecuado que no diera ninguna pista de lo que hacemos”, señala Sweetingham acerca de la empresa iniciada alrededor de una mesa de cocina de Oxfordshire en 1983.
“Confidencialidad: no podemos comprometer a nuestros clientes, la relación es sacrosanta y nuestra posición los tranquiliza”, dice. “El nombre refleja la privacidad y la sensibilidad de nuestro trabajo y reduce el leve estigma que sienten los clientes al venir a pedirnos ayuda”.
Sweetingham dice que las diligencias previas son fundamentales. Los potenciales clientes son investigados antes de sentarse para mantener las primeras dos reuniones en las que se debaten las características del grupo de pertenencia y las razones por las cuales relaciones anteriores terminaron en desastre. Para ella, la primera razón del desconsuelo entre los ricos es la incapacidad de la pareja de entender el estilo de vida del otro.
“Los ricos solos que hoy tienen entre 25 y 40 años son gitanos que viven estilos de vida nómadas”, dice Sweetingham en referencia al núcleo de su clientela.
“Para ellos, lo más importante es encontrar alguien que entienda ese estilo de vida. Me dicen que prefieren estar solos antes que con la persona equivocada. Son individuos cuyas vidas consisten en salas de embarque, aviones privados y cuartos de hotel”.
Todos tienen algo en común. “Quieren encontrar un compañero o una compañera con los que puedan crear un legado”, dice. “Todos quieren un verdadero legado”.
Sweetingham dice que llevar a cabo esta tarea es casi una ciencia y que para sus clientes la experiencia es una aventura terapéutica. “En los primeros cinco minutos, yo sé si un cliente es para nosotros”.
Los que no pueden llegar a Mayfair tienen a su disposición videoconferencias y encuentros fuera del Reino Unido. Las estadísticas de Sweetingham de la última década muestran una disminución del 20% de clientes divorciados. Considera esencial esa cifra para expandir la marca Gray & Farrar, particularmente en Shanghái, una ciudad llena de mujeres y hombres solos adinerados y uno de los mercados de crecimiento más rápido de la empresa.

Bloomberg News

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