María Luisa Avila

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Jueves 8 Marzo, 2012


Tricotomía
¿Mujeres solas?


En el día Internacional de la Mujer, quiero referirme a un grupo muy especial de ellas. Mujeres a las que comúnmente se les denomina “mujeres solas”.
Nunca he entendido, ni menos compartido, eso de llamarlas “mujeres solas”, ¿cómo pueden estar solas, si están llenas de sus hijos?, hijos a los que con mucho sacrificio sacan adelante.
Son mujeres a las que las circunstancias sociales y económicas no las han favorecido, muchas de ellas repitiendo el círculo de pobreza de sus madres y de sus abuelas. Pero que aun así, con escasos estudios y mínimas posibilidades laborales, todos los días salen a luchar porque sus hijos tengan una vida mejor.
Se levantan de madrugada para preparar el alimento, alistar a sus niños para la escuela, dejar la casa limpia y salir a ganarse el sustento diario. Algunas excluidas de las ayudas sociales del Estado, ya que ni saben que esas ayudas existen, muchas orgullosas para pedir algo por nada y que lo único que anhelan es un trabajo digno que les permita no depender de terceros.
A lo largo de mi vida he conocido a muchas, las he visto en los precarios, en las asociaciones comunales, en las organizaciones que buscan una vivienda digna o una mejor opción laboral. También las he visto sentadas en una incómoda silla, al lado de la cama o la cuna de su hijo enfermo y pasar largas noches en vela con la preocupación de los que dejaron en su casa y sin ningún apoyo de compañero o de familia.
Me llama la atención su fortaleza, su entereza para enfrentar las adversidades, parece ser que tienen una fuerza descomunal que nos les permite caer y dejarse vencer. A veces flaquean —por cortos instantes— ante la enfermedad de sus hijos y las largas hospitalizaciones, pero retoman fuerza y siguen “al pie de cañón”, luego de una conversación, alguna que otra lágrima derramada y una palabra de consuelo.
Para muchas de estas mujeres no hay discriminación de género, leyes de igualdad real, día de la mujer, ni ninguna de esas cosas que a otras mujeres nos preocupan, no tienen tiempo para sentarse a pensar en ello, pasan demasiado ocupadas en sobrevivir ellas y sus hijos como para permitirse el distraerse de su meta.
Por ello, las mujeres que sí podemos hacerlo, debemos ser lo suficientemente solidarias para no olvidarnos de ellas y cada vez que podamos tenderles una mano, para que al menos por un momento no sean “mujeres solas”.
Mi saludo y reconocimiento es para ellas, no son invisibles, las reconocemos cuando las miramos y nos sentimos orgullosas de ellas. Deseamos para ellas, lo mismo que deseamos para nosotras, una vida plena, libre, satisfactoria, donde ejerzamos con placer lo maravilloso de ser mujeres.

María Luisa Avila