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Sábado 20 Agosto, 2011

Mujer rural, alimentación y cambio climático

Las implicaciones del cambio climático son universales, y cobran relevancia particular para la agricultura y la alimentación. Los procesos de globalización de las economías, la privatización y capitalización de la agricultura han coincidido con una acelerada degradación del ambiente, una creciente desigualdad social y el debilitamiento del poder de las mujeres.
La FAO, en su informe “El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2010-2011. Las Mujeres en la Agricultura”, menciona “Si las mujeres en zonas rurales tuvieran el mismo acceso que los hombres a la tierra, la tecnología, los servicios financieros, la educación y los mercados, se podría incrementar la producción agrícola y reducir entre 100 y 150 millones las personas hambrientas en el mundo”.
La importancia de la agricultura familiar con la mujer como cabeza, está en su potencial para proporcionar y generar diversos productos para el hogar. Su objetivo no es solo optimizar la producción, sino garantizar al hogar diferentes productos e ingresos en toda época del año; a través de la diversidad florística y la integración del componente animal.
Este sistema de agricultura familiar venido a menos por la modernidad de las áreas rurales, se caracteriza por su similitud con los bosques tropicales por su diversidad florística y con prevalencia de árboles de sombra, que proveen un ambiente fresco para la familia y como una medida de adaptación de la agricultura al cambio climático.
En las zonas rurales, el trabajo femenino es diverso y en muchos casos poco reconocido, como sucede con las labores del hogar. Además de estos, prepara los productos para la venta a partir de la producción de la finca, como los derivados de la leche y los cultivos, que son comercializados por los hombres. A nivel comunal, las mujeres dedican tiempo al establecimiento de lazos y relaciones sociales que garantizan el intercambio de información, de mano de obra, de préstamos económicos o de apoyo ante una emergencia, todo esto en función de un mayor desarrollo rural y estabilidad social de las comunidades.
En general, hombres y mujeres tienen intereses variados en el uso y conservación de los recursos naturales, tanto para consumo, protección del ambiente, producción comercial o subsistencia familiar. En las actividades de producción de la mujer rural, por lo general toda la familia participa.
Los hijos e hijas se encargan de la alimentación de los animales de granja. La fumigación de los cultivos la hacen hijas e hijos. El riego de las plantas la mujer e hijos. En este sentido, quisiera mencionar los grupos de mujeres en la cuenca del río Reventazón, quienes mediante viveros forestales han logrado producir más de 2 millones de árboles de especies nativas y exóticas, que han permitido impactar unas 1.800 hectáreas y la remoción de unos cuatro millones seiscientas mil toneladas de CO2, que contribuyen a mitigar el cambio climático y sumar en la meta de Costa Rica Carbono Neutral a 2021. Esto representa un ejemplo vivo de cómo el trabajo femenino es valorado en el sector agroalimentario, ya que ellas actualmente son pequeñas empresarias exitosas, quienes invierten su tiempo de esparcimiento de las tardes en labores propias de los viveros.
En los sistemas tradicionales los hombres son planificadores, pensadores y decisores, y las mujeres son receptoras de decisiones y guardianes de los niños y las costumbres. Los hombres manejan los ingresos económicos, aun si estos provienen de la venta de bienes producidos por las mujeres. La mujer es responsable de las plantas ornamentales, medicinales y cultivos tradicionales comestibles, todo esto en procura de la salud y del derecho soberano de alimentar a su familia, aun en momentos de inestabilidad económica y ambiental. Lo interesante es que muchas veces su trabajo no se mide en dinero, sino en ahorro familiar.
En Costa Rica, el desarrollo rural, la estabilidad social, la soberanía alimentaria y la mitigación de los efectos del cambio climático dependerán en gran medida del éxito de las mujeres rurales en la agricultura familiar.

Alfonso Pérez Gómez
Diputado