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Sábado 25 Mayo, 2013

La crítica más fuerte se centra en el uso de los recursos del Peaje Bancario, la suma de ¢247 mil millones


Mitos y realidades: Banca para el desarrollo

El pasado 7 de mayo, en este medio se publicó un editorial titulado: ¿Emprendedurismo sin apoyo a mipymes?, por lo que queremos compartir algunas reflexiones en relación con el aporte de la Banca para el Desarrollo, a un sector que desde hace 30 años ha perdido paulatinamente el acceso oportuno al crédito.
Ciertamente, en la actualidad la banca pública es comercial, competitiva y orientada hacia las operaciones bancarias más rentables y de menor riesgo.


Como respuesta a este vacío, se promulgó la “Ley Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD - 8634). ¿Qué es el SBD?, una entidad financiera, no un banco, cuyo propósito es complementar, fomentar y desarrollar la oferta de productos financieros para mipymes, utilizando canales de distribución como: bancos, cooperativas, financieras, mutuales, microfinancieras, entre otras. Este modelo tuvo la visión de no duplicar costos con nuevas sucursales y agencias, utilizando las ya existentes.
Las fuentes de recursos del SBD: Fideicomiso Nacional de Desarrollo (Finade), Fondo de Financiamiento para el Desarrollo y Fondo de Crédito para el Desarrollo (Peaje Bancario).
La crítica más fuerte se centra en el uso de los recursos del Peaje Bancario, la relevante suma de ¢247 mil millones. Estos recursos tienen su origen en la apertura del monopolio de cuentas que ostentaba la banca del Estado y debido —entre otros aspectos técnicos— a las restricciones establecidas por la misma Ley, no pueden —por ahora— ser colocados en créditos. Su rentabilidad contribuye con la sostenibilidad del Fideicomiso Nacional de Desarrollo (Finade), para que este apoye a las mipymes.
La ejecución del Fondo de Financiamiento para el Desarrollo, corresponde a la obligación de bancos públicos de destinar el 5% de sus utilidades al fondo que ellos mismos administran, en función de los lineamientos establecidos por el Consejo Rector del SBD, alcanza un monto de ¢23.800 millones y una colocación del 85%.
Por su parte, el Finade ha sido el motor que ha impulsado el SBD en esta primera etapa. Para ello, la Ley define tres ejes: apoyo financiero a través de avales, fondeo de recursos y productos financieros diferenciados; servicios de desarrollo empresarial y fondos de capital semilla y capital de riesgo.
La experiencia demuestra que contar con recursos propios para atender sectores y riesgos que la banca comercial no asume, es fundamental para lograr el acceso a crédito para las mipymes.
En casos excepcionales, el Finade ha operado bajo la figura de operador financiero. Algunos ejemplos que podemos mencionar son la reactivación del tejido productivo en zonas afectadas por el terremoto de Cinchona, donde el SBD fue la primera entidad financiera en canalizar créditos para la reconstrucción de lecherías, actividades agrícolas y turismo. En el sector arrocero existe un programa que permite acceso a crédito para los pequeños productores y para atenuar los efectos de la roya del cafeto, se establecieron líneas de crédito por medio de las cooperativas de café.
Para quienes logran mejorar su calidad de vida gracias al apoyo del SBD, el sistema sí funciona. En el Finade se administran recursos por ¢94.453 millones, destinados para financiamiento y avales, de los cuales hay líneas aprobadas por ¢64.491 millones, lo que representa el 68,27% de los recursos y esperamos colocar aproximadamente el 90% de las disponibilidades para 2013.

Miguel Aguiar B.
Director ejecutivo
Sistema de Banca para el Desarrollo