Millonario despilfarro
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Mitad del líquido se pierde por tuberías en mal estado

Millonario despilfarro

Solucionar el problema costaría $162 millones

Instalar medidores, renovar las tuberías y eliminar las conexiones fraudulentas es la única manera en que los abonados dejemos de pagar por el agua que se pierde antes de que llegue a las casas y comercios.
En este momento, la mitad del líquido que produce AyA no se contabiliza porque no pasa por ningún medidor; se pierde en el camino que va de las plantas de tratamiento al destino final.
Este problema lo pagamos en las facturas, además limita la capacidad para atender una mayor demanda de líquido.
Quedarnos sin agua es el riesgo de no atender este problema.
Esto sucederá no por la falta de líquido, sino porque al aumentar la demanda, será necesario hacer uso de la gran cantidad que se pierde en el subsuelo.
Para evitar que esto suceda, existen dos salidas.
La ideal tiene un costo de $162 millones.
Consiste en renovar las tuberías del Área Metropolitana, cambiar los medidores y contratar personal para atender las fugas.
Una vez que se tenga el capital, la ejecución de las obras tardaría seis años.
Ejecutar esta solución tendría un impacto positivo en el consumo energético para distribuir el agua.
Al reducir el porcentaje de agua no contabilizada, se necesitará menos líquido, y el consumo de electricidad disminuirá.
Esto, permitirá una reducción doble en las tarifas a pagar. “El costo por hidrantes, acueductos y alcantarillado contiene ese porcentaje, encareciendo el total del consumo en la factura”, explicó Carlos Herrera, intendente de aguas de la Aresep.
Esa posición no es confirmada por Acueductos, quienes estiman que el dinero extra que será recaudado de los nuevos usuarios y la reducción de producción, posiblemente se destinará al pago del préstamo.
De momento, se realizan estudios para obtener la aprobación del financiamiento. Para ello, el BCIE comprueba que Acueductos esté en capacidad de pagar el préstamo en su totalidad, además del detalle del impacto energético, social y ambiental.
De fracasar esta alternativa, entonces se deberá invertir en una nueva fuente, pero sin reducir el porcentaje no contabilizado.
Su costo sería de $200 millones, y mitigaría la necesidad de una mayor demanda de líquido, principalmente en el Área Metropolitana.
El elevado monto de construcción y funcionamiento es el principal obstáculo que presenta esta solución, además que no resuelve el problema de fondo.
“El porcentaje de agua no contabilizado continuaría, y la productividad de la institución se vería afectada, lo cual limita al AyA de pedir préstamos”, expresó Isidro Solís, ingeniero de la Unidad de Optimización de Sistemas GAM del AyA.
Por año, se dejan de contabilizar ¢42 mil millones, esto se cobra a los usuarios en la factura a pesar de que es catalogada como agua no contabilizada por el AyA.
En la última década se realizó la reparación de algunas tuberías como las de Guadalupe, Escazú y Desamparados, lo cual permitió reducir en un 10% el derroche del líquido.
Algunos de los acueductos que necesitan arreglos son el Metropolitano de San José y de Liberia, Puntarenas, San Ramón y Guácimo-Guápiles.
En el país hay tuberías con más de 80 años, medidores mal calibrados porque su tiempo de utilización ya venció y no se cuenta con la cantidad de trabajadores necesaria para arreglar problemas de fugas.

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Daniela Cárdenas
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