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Mi retorno a Medellín, medio siglo después

Ricardo Trujillo gerencia@fibrotel.cr | Lunes 23 enero, 2023


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Ricardo Trujillo Molina

MscEE

gerencia@fibrotel.cr

Medellín es la mega ciudad mas cercana a San José. A sólo mil kilómetros en distancia aérea, está casi a la mitad de los mil novecientos kilómetros de recorrido aéreo hacia la ciudad de México, Sus cuatro o más millones de seres humanos habitan en su zona metropolitana en un reducido valle de 400 Km2 llamado del Aburrá a 1,500 m sobre el nivel del mar. Se le conoce como la ciudad de la eterna primavera por su verdor clima y lluvias durante todo el año. Su moderno y elevado tren eléctrico ó metro con 27 años de servicio, tiene una trayectoria de 35 kilómetros. de norte a sur y cuesta 360 colones, lo mismo que un pasaje en nuestros destartalados buses con más de 15 años de servicio. Sus ramales de servicio entre el este y el oeste en tranvía, funicular ó buses eléctricos suman otros 100 Kms. Las tarifas eléctricas en Medellín son del orden de los 40 colones ticos por kilovatio hora, prácticamente la mitad de lo que aquí se le paga al ICE. Su servicio eléctrico es brindado por la empresa de servicios públicos de Medellín EPM, actual socia en igualdad de participación que el ICE, de la red de transmisión eléctrica centroamericana SIEPAC. La actual potencia instalada en plantas eléctricas de la SPM es de 3,500 Megavatios, un 40% superior a la potencia instalada en toda Costa Rica, y genera anualmente 15 Teravatios hora, un 25% superior a la generación anual eléctrica en costa rica. En un par de años más la SPM integrará la controvertida nueva hidroeléctrica de Ituango con 2,400 megavatios adicionales de potencia, mientras que nosotros aquí con el ICE en Costa Rica dejamos de construir nuevas plantas eléctricas desde hace más de 5 años.

La ciudad de Medellín está servida por un aeropuerto a 30 kilómetros de distancia sumamente moderno con dos terminales, la internacional y la nacional. Entre ambas despachan 12 vuelos por hora en solo 12 mangas, el cuádruple del tráfico que tiene nuestro aeropuerto Santamaria con 16 mangas.

Mi primer visita a Medellin

Después de graduarme de Bachelor en Física con énfasis en óptica y electromagnetismo en el Pomona College de California en los USA en junio de 1972, tomé la decisión aventurera de hacer un viaje por tierra hasta Santiago de Chile, para conocer personalmente los cambios políticos que se estaban dando bajo la administración de Salvador Allende. Había mantenido desde nuestro aprendizaje del idioma inglés en la escuela de Brattleboro Vermont una sincera amistad con Eugenio Betancur, un ingeniero eléctrico colombiano que fue enviado por el programa de becas LASPAU al Rensellaer Polytechnic Institute de Troy en el estado de Nueva York. El mejor instituto del mundo para estudiar la ingeniera eléctrica en áquel entonces. Es el instituto que siempre ha preparado a los ingenieros de la General Electric y la Westinghouse.

Eugenio ya había finalizado sus estudios de maestría y estaba de vuelta en Medellín, y a través de correspondencia por el muy confiable correo de la época, me había invitado a visitarle en mi periplo por sur américa.

Menciono esto pues con el actual internet a la casi velocidad de la luz, tendemos a olvidarnos del valioso servicio que por más de un siglo brindaron los servicios postales en todo el planeta. Salí de california gracias al aventón que me dio Robert Grajeda y su novia Sandy, un chicano compañero de vivencias en el Pomona College, la misma tarde de nuestra graduación hacia el poblado de Mexicali en la frontera con México. Llegué a San Salvador para constatar la represión política que se vivía posterior al fallido golpe de estado de 1972 contra el General Sánchez Hernández y continué hacia San José en Costa Rica adonde me alojé en casa de un amigo tico de apellido Odio que estudiaba en ese entonces en el Claremont College. Luego volé a San Andrés, Barranquilla,

Bogotá y de allí a Medellín, adonde me esperaba el ingeniero Eugenio Betancur para llevarme a su casa y a un recorrido a la bellísima universidad bolivariana, que ostentaba muy orgullosa sus tejados rojos a similitud de Beijing China. La estadía de apenas un dia en casa de Eugenio fue inolvidable, y el recorrido por las calles de aquel Medellín del siglo pasado mas que pintoresca con sus transeúntes vestidos con saco y corbata, una elegancia y fineza que ya habían perdido las ciudades de México y Centroamérica. El resto del recorrido por Cali, Quito, Guayaquil, Tumbes, Trujillo, Lima, Arequipa, el lago Titicaca, la Paz, Arica hasta llegar a Santiago en Chile, lo hice durante las siguientes dos semanas por tierra en varios transbordos y terminales de autobuses.

Mis vivencias y aprendizaje de la política del cambio social y político en el agitado Chile entre julio y agosto de 1972, las narraré en otra columna, algún otro dia. Solo deseo adelantarles que por esa época ya sur américa había entrado en un sombría y aterradora época de dictaduras militares como las de Brasil a partir de 1964 y la de Uruguay a partir de 1972. La de Pinochet en Chile a partir de setiembre de 1973 fue una continuación de la tendencia dominante en ese periodo histórico. A partir de marzo de 1976 se implantó la sangrienta dictadura argentina.









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