Nuria Marín

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Lunes 14 Febrero, 2011


Creciendo [email protected]
Mentalidad para triunfar


Hace algunos años escribí una columna en la que comentaba cómo personas como Steve Jobs y J.K. Rowling reconocían que el haber fracasado en un momento en sus vidas había sido lo mejor que les había pasado, pues las lecciones aprendidas habían sido la mejor semilla para forjar su disciplina y determinación así como el dar rienda suelta a su imaginación y poder creativo.
Esta cara positiva del fracaso que puede ser utilizado como ejemplo en nuestras experiencias personales invita también a la reflexión en un país poco tolerante al error, al cambio y adverso a asumir riesgos en momentos en que el resto de las naciones más bien buscan cómo incentivar el talento y la innovación.

Mientras en países como Estados Unidos, su Presidente clama por mayor inversión en innovación, tecnología, y crear un país que retome su liderazgo en ingenio e iniciativa (momento Sputnik), en nuestro país continuamos teniendo un sistema social y educativo restrictivo, que premia la repetición y la mediocridad y castiga la individualidad.
La realidad es que nos cuesta lidiar con lo diferente. Las personas con ingenio e iniciativa son hechas a un lado y hay poca apertura a las ideas frescas e innovadoras. Hemos creado una cultura que repite una y otra vez sus mismos errores y en la que es mucho más fácil decir que no que abrirle la puerta a lo nuevo.
Es frecuente también que los padres y madres caigan en el error de “proteger” a los hijos con la buena intención de evitarles cometer errores negándoles a sus hijos e hijas el derecho a decidir, experimentar y hasta errar como valiosas herramientas para madurar y aprender.
El problema de una medida como la anterior es que tarde o temprano los hijos tendrán que salir a la vida real para vivir su propia vida lejos del nido familiar, y difícilmente estarán preparados para ser exitosos en aquello que emprendan.
Con estas actitudes familiares y educativas ¿no estaremos cometiendo como país el grave error de generar una ciudadanía totalmente adversa al riesgo y poco competitiva cuando el mundo entero está trabajando en cómo ser los grandes ganadores?
Valga también preguntarnos si nuestro sector empresarial brinda las condiciones adecuadas para sacar el máximo provecho al talento, las nuevas ideas y los cambios así como el lograr establecer una cultura de mejora continua con retadores procesos de aprendizaje e innovación que llevan per se un nivel de riesgo.
El cambio de actitudes en lo absoluto es fácil. Baste con ver lo que muchas veces sucede con los deseos de fin y principio de año la mayoría de las veces guardados en el baúl de los recuerdos ya para el mes de febrero.
Pero todo gran comienzo tiene siempre un buen primer paso. Los invito a que trabajemos en superar el temor al fracaso como una decisión de vida. Imaginen cuánta riqueza podríamos generar en el país con nuevos emprendimientos e ingeniosas ideas y cuánto más felices seríamos si finalmente cada quien se decidiera a realizar sus sueños.

Nuria Marín Raventós