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Una disminución a la deuda política podría contribuir a reunir recursos y destinarlos a problemas urgentes que necesitan solución


Menos gasto en campaña electoral

En medio de la crisis fiscal que vive el país resulta incomprensible que el Poder Ejecutivo no se haya interesado en el tema de rebajar el monto asignado a la deuda política.
La autoridad conferida a un gobernante al elegirlo en las urnas, no le exime de que sus decisiones deban ser las más convenientes y oportunas para los habitantes de un país.
En el caso que hoy nos ocupa, una disminución a la deuda política podría contribuir a reunir recursos y destinarlos a problemas urgentes que necesitan solución.
Pero incluso no solo nuestro déficit fiscal debería ser considerado. En realidad hay evidencias de muy diverso orden sobre la disconformidad de una gran parte de la población por las actuaciones de la clase política. Esto no debería ser ignorado por el gobierno sino tomado en cuenta.
Si bien los gobernantes de turno, incluido los actuales, han procurado dirigir y administrar el país de acuerdo con sus convicciones, es innegable la gran cantidad de vacíos que se han quedado sin atender en ese camino y que continúan esperando, además de los problemas por la falta de adecuados controles.
Algunos ejemplos de esto son los escándalos por investigaciones sobre posible mal uso de los dineros de los contribuyentes o la desmedida lentitud para hacer uso de recursos para reconstruir o construir la red vial, por los que ya pagamos intereses.
Pero también la mala administración de varias entidades públicas durante las últimas décadas, las deudas con instituciones como la Caja a quien la voluntad política contribuyó a desfinanciar, entre otros múltiples problemas desatendidos oportunamente, generaron la desconfianza que produce ingobernabilidad y el desencanto de los costarricenses con la clase política.
Atender el asunto de la deuda política en estos momentos, en que es el Ejecutivo quien domina la agenda de proyectos por discutir en la Asamblea Legislativa, sería una buena oportunidad de demostrar que hay oídos para escuchar lo que la ciudadanía quiere, más allá de lo que desean los partidos políticos.
A estos, más bien, les ha llegado la hora de demostrar que son capaces de realizar una campaña para elecciones nacionales sin derrochar un dinero que no tenemos, sin aceptar contribuciones de dudosa procedencia, sino, por el contrario, organizando debates inteligentes entre los diferentes candidatos, basados en ideas y programas, no en publicidad para vender una imagen como si de un producto comercial se tratara.
 

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