Menos contaminación, Más dinero
La valoración de los residuos sólidos es una enorme oportunidad económica y de generación de empleo para muchos sectores. Lastimosamente, hoy se están importando los residuos ante la incapacidad de obtenerlos en el país, dijo Esteban Echavarría, gerente de Sostenibilidad de Kimberly Clark. Esteban Monge/La República
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Análisis
Es más rentable reciclar la basura, que botarla

Menos contaminación, Más dinero

Plan de reciclaje sería sencillo de operar, y amigable con el medio ambiente

En Costa Rica, podemos reducir la cantidad de basura, que actualmente tiramos a los botaderos, así como ganar millones de dólares al año, en un nuevo negocio de reciclaje, que ayuda a proteger el medio ambiente.

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En lo que a la cuestión económica se refiere, hay una gran cantidad de dinero de por medio.
Actualmente, varias grandes empresas nacionales están importando los desechos de papel, plástico, vidrio y metal, sobre todo de Estados Unidos para transformarlos en productos terminados, como bolsas plásticas, envases y latas.
Esto representa una oportunidad de negocios de un valor anual de aproximadamente $140 millones para los costarricenses, que generan al año unas 730 mil toneladas de basura reciclable, según el Estado de la Nación.
El valor promedio actual de los reciclables es de alrededor de $150 la tonelada, pagadero por los grandes usuarios locales, como Kimberly Clark, en el caso del papel, y Vicesa, que compra el vidrio.
El valor anual de la venta de la basura reciclable costarricense en estas condiciones entonces es de $110 millones, a lo cual hay que agregar unos $30 millones, al dejar de pagar $40 por tonelada, por la basura reciclable, que actualmente se tira a los botaderos —esto, sin contar el valor del terreno conservado— al ocupar rellenos sanitarios más pequeños.
Con montos tales disponibles, sería posible montar una operación, que aproveche los desechos nacionales, de modo que se generen ingresos para las municipalidades.
En lo que a los principales generadores de basura se refiere, en un mundo ideal, los amos y las amas de casa, al ser conscientes de la importancia que representa esta actividad para el medio ambiente, separarían los desechos, de modo que se puedan recolectar y venderlos de forma eficiente.
Sin embargo, en el mundo real sería esencial que las municipalidades les ofrezcan a los poblados algún incentivo, para que estén dispuestos a colaborar con el proceso del reciclaje.
Al contar con un ingreso de decenas de millones de dólares en el negocio, habría recursos económicos, para que la gente reciba un pago, a cambio del esfuerzo adicional que haga.
Otro factor positivo, es que la forma de montar el negocio es sencilla.
Al inicio, la municipalidad solo tendría que dedicar un terreno pequeño al proyecto, que serviría como el centro de acopio.
Por operar solo unos días al mes, en los cuales se reciben y separan los desechos reciclados, y luego se envían a los grandes usuarios, se requeriría un personal reducido, que trabaja únicamente a tiempo parcial.
Al cobrarle a la municipalidad por la entrega de sus reciclables, la gente que vive en el municipio tendría el incentivo de traer estos materiales al centro de acopio.
Para las personas con carro, no habría inconveniente en llevar su basura al centro.
La gente sin carro, les daría a sus vecinos con vehículo, una parte de su ingreso, a cambio de que se lleven sus reciclables, de modo que ambas partes ganen.
Conforme crezca el negocio, se ampliaría paulatinamente su ámbito.
Si fuera el caso de que una municipalidad no sea capaz de manejar una operación tal, o si es más productivo permitir a una empresa hacerlo, se podría licitar el proyecto de forma competitiva al sector privado.
Bajo este concepto, los grandes usuarios costarricenses dejarían de importar la basura, y las municipalidades tendrían nuevos ingresos, mientras los demás recibiríamos un incentivo económico, al mismo tiempo que ayudamos a conservar nuestro medio ambiente.

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Ana Cecilia Cruz
[email protected]
Colaboraron Daniel Chacón y Fred Blaser
 

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