Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 18 Agosto, 2015

Es una simple pregunta y tiene que comenzar en su corazón: “¿Estoy comprometido con el bien común o el mío únicamente?

Maternidad y desarrollo social

Muchas celebramos con cariño y orgullo el Día de la Madre el sábado pasado. Es en realidad un día para celebrar, aunque muchos dicen que debería ser todos los días y coincido; la razón principal es que esa entrega que nos demuestran nuestras madres es casi imposible encontrarla en más personas a nuestro alrededor.
Ese compromiso, esa entrega, sacrificio constante, sin horarios, sin importar nuestro comportamiento, en las buenas y en las malas. Se enojan y nos regañan cuando “metemos la de andar”, pero siempre están ahí para apoyarnos.
La manera de pensar ahora, la tendencia actual, es el orgullo centrado en uno mismo. ¿No es cierto? Me voy a quedar contigo mientras tanto me des lo que yo quiero y si no me das lo que yo quiero, entonces me voy.
El énfasis en la actualidad está en el individualismo, los derechos, las libertades, la autoestima y todo ese pensamiento individualista que es absolutamente mortal para cualquier tipo de relación matrimonial y familiar significativa, ni hablar en los políticos, los condominios, los barrios, las empresas, los gobiernos.
Nos hemos concentrado en ganar los derechos que los humanistas nos han tratado de vender, en ganar la libertad individual, hemos perdido los privilegios de las relaciones significativas.
La gente se vuelve como objeto que debe ser usado y descartados. Las familias son más bien un grupo de personas que no tienen relación unos con otros que viven en un dormitorio.
Están más interesados en satisfacerse a sí mismos que en dar, más deseosos de tener bienes materiales que relaciones. Viendo a las mujeres o a los maridos como una carga, un obstáculo en su camino hacia la libertad y realización personal.
No hay magia, no hay fórmula secreta, no hay truco humano. No es cuestión de cuántas veces hicimos esto o cuántas veces hicimos aquello o quién estaba a cargo de hacer esto, qué procesos o métodos utilizamos. Es una simple pregunta y tiene que comenzar en su corazón: “¿Estoy comprometido con el bien común o el mío únicamente?”
Ahora, si usted ve eso y ve a nuestra sociedad, tiene a personas consumidas con la iniquidad, consumidas con hacer lo que su concupiscencia que los controla les dice que hagan, satisfaciendo sus propios deseos, personas que no tienen gozo o muy poco gozo y ocasionalmente lo encuentran en una botella o porque recibieron un aumento en su salario o porque salieron a pescar o porque salieron de vacaciones o porque tuvieron alguna gran experiencia en algún lugar.
Es una sociedad frustrada y enojada, porque aunque cada vez somos más, cada vez estamos más solos; buscamos relacionarnos y no sabemos cómo. No sabemos dialogar, no sabemos negociar, no sabemos servir como lo hacen nuestras madres.
¡Si tan solo supiéramos un poco de ese servicio, de esa entrega desinteresada! Estoy segura que tendríamos una sociedad más desarrollada y más feliz.
Feliz Día de las Madres y gracias a aquellas que se entregan y nos enseñan diariamente cómo realmente se puede crecer.

Mónica Araya
Empresaria