Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 11 Agosto, 2009


TROTANDO MUNDOS
Más sobre Bel Canto

Gonzalo Castellón se unió al diálogo del Bel Canto con un artículo magistral sobre Tenores, lectura obligatoria de todo amante de la ópera, que denota la seriedad con que ha tomado el estudio del Bel Canto. Abre y cierra con uno de los primeros latinazos que nos enseñaron al llegar a Derecho Romano, en segundo año de la Facultad de Derecho: dar a cada uno lo que es suyo.
El artículo evoca a algunos de los grandes tenores de todos los tiempos, varios de los cuales tuvimos la oportunidad de escuchar personalmente en nuestras andanzas. También trae a la memoria el tremendo feudo de las sopranos, en el que nuestro padre - acertando- apoyaba a Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulou, la incomparable greco-neoyorkina Maria Callas- mientras nosotros nos inclinábamos emotivamente por la italiana Renata Ersilia Clotilde Tebaldi, la famosa Renata Tebaldi (a decir verdad, de Schwarzkopf no nos queda ni el más recóndito recuerdo).
Curiosamente, entre los citados no está Plácido Domingo, quizás porque Gonzalo no crea que, a pesar de ser gigantesco, sea el más grande de todos los tiempos, como lo han designado los ingleses; quizás solo porque no le cupieron todos los famosos, como Carlo Bergonzi, Jussi Bjoerling, Nicolai Gedda, Beniamino Gigli, Richard Tucker, etc. Pero, no mencionar a Domingo……?
Durante los años sesenta un grupo de compañeros de Derecho aficionado al Bel Canto, entre éstos Eugenio Jiménez (la vos caprina), Erik Thompson, Enrique Granados (el gran barítono), Harry Zürcher, Germán Serrano y Orlando Guier, nos juntabamos en La Gruta del Marisco los sábados por la noche a tomar cerveza y cantar ópera. El suscrito aportaba los agudos largos y, por supuesto, desafinados. A veces se nos unía Rodolfo González (tenor) y pisándonos los talones, venía otra camada en la que se encontraba Gonzalo Castellón (tenor).
Por un corto tiempo fuimos alumnos del gran Oscar Scaglioni, más producto de la casualidad que de otra cosa, con nuestra vos de “tenor drámatico”. Gaetano Bardini, entonces primer tenor de la Opera de Viena, había cantado Caballeria Rusticana en el Teatro Nacional con nuestra hermana Maritza como soprano, y en una fiesta posterior a la presentación nos oyó cantar y recriminó a don Oscar por que no éramos su alumno. Por seis meses lo fuimos. Cuando el Profesor se enteró de que debíamos abandonar las clases en razón de que nuestras ocupaciones de pichón de abogado nos obligarían a viajar a menudo al extranjero, nos lanzó a las tablas.
En el Nacional cantamos el Core Ingrato y el Ch’ella Mi Creda como parte de un recital de sus alumnos en que no nos fue tan mal. Eso puso punto final a nuestra efímera carrera operática, más no a nuestra pasión, que nos llevó a conocer muchos teatros importantes.
Enrique Granados siguió por muchos años deleitando con su voz de barítono y hasta pisó las tablas del Teatro San Carlos de Buenos Aires. De Gonzalo solo recordamos haber escuchado su clara vos un par de veces, pero le conocemos mejor su brillante trayectoria de abogado.
El artículo explica los diferentes rankings de tenores asimilándolos a los de los boxeadores. Nosotros preferimos el parámetro del vino, más delicado y artístico. Aunque los expertos nos digan de alguno es maravilloso porque tiene sabores a vainilla, nueces, flores del campo y mono en la rama, la verdad es que lo que interesa es como nos sabe. Pasa lo mismo con los cantantes; dominan ó no la escala, pero al final lo que interesa es cómo cada quien los percibe. Para nosotros el mejor es Franco Corelli. Unas grabaciones que conseguimos en el teatro del amigo Gastón Fournier, reafirman esa opinión.
Al final, beauty is in the eye of the beholder. Muchas gracias Gonzalo por tan excelente artículo.

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