Logo La República

Lunes, 21 de enero de 2019



COLUMNISTAS


Más conectado, más libre

Juan Carlos Barahona | Jueves 04 septiembre, 2008


Más conectado, más libre

Juan Carlos Barahona


Durante 150 años la evolución de las tecnologías de comunicación ha creado una tendencia a la concentración de la capacidad de producir, distribuir y comercializar información. Pero la evolución no ha sido solamente tecnológica.
La economía que inventamos ha evolucionado en ese siglo y medio hacia bienes y servicios cada vez más basados en la información. Pensemos en los mercados financieros, en los servicios contables, en la industria de la publicidad y el mercadeo, la consultoría, la educación… todos son servicios de producción y distribución de información.
Tenemos industrias gigantescas como la música, la televisión, los videojuegos que son expresión y al mismo tiempo creadores de cultura y que, con la digitalización, también se distribuyen y comercializan como información. Y no es distinto para el conocimiento… ¿cuánto vale un pedazo de silicón antes y después de que se le “imprime” el diseño de un circuito? El conocimiento que hace la enorme diferencia entre el costo de los materiales y el producto final es, a fin de cuentas, información que se patenta, se protege, se vende, se posee.
Ambas tendencias han tenido un profundo impacto en lo que es hoy la sociedad y el poder relativo del individuo en la misma, pues está determinado por la posibilidad de poseer la capacidad de producir y distribuir información. Tal vez la manera más sencilla de verlo es usando como ejemplo la prensa escrita:
La aparición de las prensas mecánicas y el telégrafo, combinado con nuevos modelos de negocio permitió que los periódicos locales de unos cuantos ejemplares se convirtieran en productos masivos de largo alcance geográfico, social y temático. Cuanto más alcance geográfico y mayor número y diversidad de lectores tanto más importante se volvía el medio y también mucho más compleja su administración y mucho mayores los requerimientos de capital para su operación.
El resultado fue un modelo de una sola vía, donde la información y la opinión fluyen de emporios comerciales intensivos en capital y de productores profesionales de información hacia una masa pasiva e indiferenciada de consumidores. Consumidores que al final sostienen conversaciones, asumen posiciones y participan en elecciones con base en la información, visión y valores que les son entregados día a día por unos pocos y poderosos dueños de la capacidad de producir y distribuir información. Por supuesto, ese mismo modelo fue replicado y fortalecido con la aparición de la radio y la televisión comercial.
El poder del individuo, incapaz de administrar y financiar este tipo de comunicación masiva, se vio cada vez más restringido a sus propias capacidades de conversación, ampliadas tal vez por el mimeógrafo o el teléfono, pero limitadas, de todas formas, en relación con los medios masivos de comunicación.
El Internet como plataforma para el desarrollo de comunidades que son a la vez productoras y consumidoras de información representa la posibilidad de revertir esta tendencia. Cuando millones de personas se conectan y se vuelven capaces de producir información, la esencia misma del modelo económico del siglo XX está siendo conmocionado. El extraordinario poder de unos pocos se ve reducido y el individuo que pertenece a la red se vuelve poderoso pues se multiplica su capacidad de crear y consumir información, conocimiento y cultura… que es a fin de cuentas la esencia misma de nuestra libertad.

NOTAS ANTERIORES


En defensa de COPROCOM

Domingo 20 enero, 2019

En La República del martes 15 de enero de 2019, se publica el artículo “Una mirada crítica sobre ...