Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 16 Septiembre, 2013

Hoy quiero reivindicar a tantas personas que nos regalan su talento y tienen una sexualidad diversa


María Elena Walsh

Cuando yo era niña —hace ya demasiado tiempo— una mujer marcó mi infancia con sus cuentos y canciones. María Elena Walsh fue una prolífica escritora en muchos campos literarios además de destacarse como música y compositora. Sus relatos no solo siguen siendo “políticamente correctos” para los más pequeños, sino que no han envejecido como los de tantos cuentistas infantiles.
Recuerdo haber comprado una bella edición de cuentos de los Hermanos Grimm cuando mis hijas eran pequeñas. Luego de leerlos escondí el libro: entre la violencia, la antropofagia y la xenofobia, poco podía rescatar de aquellas historias para compartirlas con mis niñas. En cambio todo lo de María Elena siempre fue perfecto.
Antes de nacer, desde la panza de mi mamá, escuchaba el Long Play de las “Canciones del tiempo de María Castaña”, que la Walsh había grabado junto a Leda Valladares. Embarazada les cantaba a mis hijas las mismas canciones y cuando nacieron las seguí durmiendo con la mayoría de esas bellas coplas españolas de siglos antiguos. Solo odiaron una hasta la fecha: “El romance del enamorado y la muerte”. ¡Les daba pavor! A mí me sigue resultando encantadora.
Fuera de estas canciones, que no eran de cuna ni de su autoría, todas las que compuso esta artista destacada, son divertidísimas, hermosas y, ya, clásicas.
No creo que sea casualidad que yo adore a las tortugas de tierra (¡nunca tuve una y ahora están prohibidas en Costa Rica!); no es por azar que mantenga una larga y conflictiva relación de más de 12 años con Lulú (una tortuga de agua que vive en mi baño y cada vez que se escapa crece dos centímetros); y tampoco es un albur que le haya dado el nombre de Manuela a mi primera hija. Sí, primero quise bautizarla Juana Inés, pero mi abuela Lilia, desde Buenos Aires, se manifestó ofendida como atea que era: ¿el nombre de una célebre monja a su primera bisnieta? Mejor el de una tortuga famosa.
Entre los tantos talentos que enarbolaba María Elena, ella, nacida en 1930, tuvo la impresionante valentía de asumir, a sus 21 años, una sexualidad distinta. No era tan fácil como en estas épocas, en las que puede ser decisión o moda, y a muchos les vale lo que digan los demás. Estamos hablando de ser lesbiana a mediados del siglo XX, en un país machista y con una sucesión de dictaduras represivas ante cualquier tipo de diversidad.
María Elena Walsh fue pareja de la cantante, compositora, musicóloga, poeta y folclorista, Leda Valladares; de la productora y directora de cine y televisión, María Herminia Avellaneda, y de la destacada fotógrafa de retratos de personajes argentinos y mundiales, Sara Facio.
El primer encuentro entre María Elena Walsh y Leda Valladares es muy significativo. La folclorista tucumana decidió viajar por el mundo y en 1950 se radicó en Costa Rica, dedicándose a la educación. María Elena inició una relación epistolar con Leda, que residía en nuestro país, se encontraron en Panamá y luego viajaron a Europa.
Hoy quiero reivindicar a tantas personas que nos regalan su talento y tienen una sexualidad diversa. A mí nunca me ha importado la vida privada de nadie. ¿Y a usted?


Claudia Barrionuevo

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