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Sábado 3 Noviembre, 2012

Mano derecha, mano izquierda

Han pasado 50 años desde que Friedman señaló que la única responsabilidad social de una empresa son sus propios beneficios, en un marco ético limitado.
En los últimos años se han abierto paso iniciativas de responsabilidad social cada vez mejor fundamentadas.
Surgieron desde el sector empresarial de pensamiento avanzado y visionario, combinando planteamientos éticos enraizados tanto en Occidente como en Oriente. E interesa destacar que aparecieron mucho antes de los notorios casos de corrupción que no han dejado de producirse desde Enron para acá.
Más recientemente y bajo la sombrilla de ISO, se desarrolló una Guía de Responsabilidad Social —denominada ISO 26000— que ha buscado no sin dificultad conciliar visiones de todo el mundo —y su respectivo trasfondo cultural— con las expectativas de diferentes tipos de organizaciones. Según esta Guía ISO, la responsabilidad social no es algo aplicable solo a las organizaciones empresariales, sino que debería ser asumida en lo pertinente por organizaciones de todo tipo, incluidas universidades, asociaciones, clubes, sindicatos y cualesquiera formas legítimas de agrupación de personas.
La responsabilidad social es un concepto ético que muestra resonancias de nuestro bagaje cultural, así como una vinculación directa con el moderno concepto de desarrollo sostenible.
Pero a cualquiera que se acerca a él le embarga el desasosiego de lo inacabado. Tanto en la Guía ISO como en otros documentos de referencia se percibe que se trata de una obra aún en construcción, que ha sido inaugurada antes de su madurez.
Como aporte a la reflexión e incluso a la acción, no hay duda de que es válida, pero requiere aún mejoras sustanciales que reduzcan su ambigüedad.
Y a renglón seguido de la emisión de la Guía ISO —que no un patrón de comportamiento ético— de pronto han proliferado iniciativas de certificación dirigidas a empresas que gestionan su responsabilidad social.
Demostrar el grado de cumplimiento frente a un patrón es válido cuando el patrón se encuentra bien definido, mas no cuando en él hay ambigüedad. Y en este caso la ambigüedad nace del ejercicio de conciliación y de su carácter de propuesta abierta, lo que —según ISO— inhabilita la Guía para certificaciones.
Ante la proliferación de normas y certificados de gestión de la responsabilidad social se impone la cautela pues pueden constituir un obstáculo al comercio mientras no haya una norma de consenso internacional de referencia.
Un desequilibrado interés demostrativo puede además desvirtuar el fondo ético que debe sustentar la responsabilidad social, trasladando el objetivo del ser a la apariencia y condicionando a otros fines lo que debería ser incondicionado. Ahora es tiempo de aprendizaje, de reflexión y de compartir experiencias. Recordemos el evangélico precepto: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos … no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha”.

Juan María González
Ingeniero