Manipulaciones lacrimógenas
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Manipulaciones lacrimógenas

• La presencia de dos estrellas carismáticas, no redime la falta de sutileza de un melodrama anodino

“Noches de tormenta”
(“Nights in Rodanthe”)
Dirección: George C. Wolfe. Reparto: Richard Gere, Diane Lane, Christopher Meloni, Viola Davis. Duración: 1.37. Origen: Australia-EE.UU. 2008. Calificación: 4.

Especializado en un tipo de literatura rosa, de amplia aceptación popular, el escritor norteamericano Nicholas Sparks está viviendo un periodo mágico de su carrera. Uno por uno, todos sus libros son llevados al cine, en producciones taquilleras como “Mensaje de amor” (Message in a Bottle, 1999) y “Diario de una pasión” (The Notebook, 2002). La receta es siempre la misma, con diferentes aderezos. La meta es seducir al público (especialmente femenino), con historias de fogosas relaciones románticas, inevitablemente teñidas de tragedia.
“Noches de tormenta” es la más reciente adaptación de una novela de Sparks. Su punto de fuerza comercial reside en los nombres que engalanan el cartel: Richard Gere y Diane Lane, quienes habían compartido la pantalla anteriormente, en la insulsa pero exitosa “Infidelidad” (“Unfaithful”, 2002).
Con desempeños histriónicos poco inspirados, ellos encarnan a Paul Flanner y Adrienne Willis. El es un cirujano divorciado, quien acaba de sufrir una desgracia laboral y lo acusan de negligencia. Ella se encuentra en una complicada situación afectiva: su marido la había abandonado por otra mujer, pero ahora le pide regresar a casa, por el bien de sus dos hijos.
El apuesto médico viaja a Carolina de Norte y se hospeda en una pequeña pensión, a la pura orilla del mar. Adrienne administra el lugar por unos días, por cuenta de una amiga. Entre ambos se desata una pasión arrolladora, con la complicidad de un fuerte aguacero nocturno y una interrupción de electricidad.
Este típico melodrama de sentimientos en conflicto y deseos irrefrenables, exigía un estilo vigoroso, emotivo y envolvente. En cambio, la puesta en escena es plana y sin personalidad. Ello quizá se debe a la escasa experiencia de George C. Wolfe, realizador de origen televisivo, en su primer largometraje.
En el aspecto formal, destaca únicamente la pulida fotografía del brasileño Affonso Beato, pero este se limita a retratar a los protagonistas de manera glamorosa, haciendo que hasta sus arrugas se vean atractivas.

La presencia de dos estrellas carismáticas no redime la falta de sutileza de un melodrama trillado y anodino. Es demasiado descarado en su intención de conmover, como para surtir el efecto deseado. Sus obvias manipulaciones lacrimógenas provocan una reacción contraria, evidenciando la artificialidad de las situaciones, la teatralidad de cada gesto y la banalidad de toda la operación.
Con su tratamiento superficial de temas delicados como la disgregación familiar y la elaboración del luto, “Noches de tormenta” resulta incapaz de llegar al corazón, dejando que su abierto sentimentalismo degenere en sensiblería.


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