Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 27 Julio, 2012


Maldita violencia

Durante la década de los años 70 se hizo popular una canción que comenzaba con el estribillo “Violencia. Maldita violencia”. En esos días, toda América Latina ardía en violencia política provocada por el terrorismo de Estado impuesto por los regímenes castrenses, a lo cual respondían lo pueblos con guerras irregulares en virtud del principio de legítima defensa y así conquistar la democracia.
Los sectores populares triunfaron. Pero ahora se siguen sufriendo graves amenazas a la paz. Hoy se libra una guerra de otra índole. Veamos algunos datos concretos. México en el último sexenio ha tenido 60 mil muertos por los enfrentamientos entre el ejército y los carteles del narcotráfico, sin lograr por ello construir la paz.
Pero en el vecino del Norte las cosas no están mejor. Las masacres se multiplican. La más reciente fue realizada por un joven desequilibrado que asesinó a espectadores en una sala de cine; en su habitación tenía un arsenal de armas y explosivos adquiridos “legalmente” (¿?).
Pero, sin ir tan lejos, basta con ver lo que pasa en nuestro país para percatarnos de hasta qué punto la violencia es el aire que a diario respiramos.
En las dos últimas décadas, las muertes violentas han subido exponencialmente. En los barrios suburbanos campean grupos mafiosos que se disputan a tiros el control territorial y el monopolio del lucrativo mercado de la droga.
Significativamente, en el más reciente crimen perpetrado en Limón, sus habitantes señalan como causa la misma que se aduce para que en Estado Unidos se escenifiquen con tanta frecuencia espeluznantes masacres, cual es que las armas circulan con más abundancia en manos de particulares que en las de la policía. Otro tanto sucede en nuestras cárceles.
Todo lo cual, por desgracia, no nos ha de extrañar, dado que el tráfico y venta de armas constituye el más pingüe negocio junto con el narcotráfico.
En concreto, Estados Unidos es el país que consume más drogas y posee la mayor cantidad de armas en manos de civiles. Con una población del 5% de la humanidad, consume el 30% de la droga mundial. Posee la mayor cantidad de personas en sus cárceles y el mayor número de ejecutados con la pena capital en proporción a su población.
Esta ominosa realidad se refleja en los medios de comunicación, en especial en la TV. Según los datos de los psicólogos, un niño norteamericano que comenzó a los dos años a ver programas de “entretenimiento”, cuando cumple ocho años ha visto 6 mil crímenes. ¿Qué clase de subconsciente podrá tener un “teenager” cuando ingresa a un centro de enseñanza?
Por eso, si queremos acabar con las macabras noticias de asesinatos en masa, es un imperativo ético impulsar una campaña por el desarme mundial comenzando por las grandes potencias.
Esto puede parecer una utopía, pero no lo es si nos percatamos de que lo que aquí está en juego es la supervivencia de la especie humana. Porque hoy todo homicidio equivale a un suicidio.

Arnoldo Mora