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Mala copia (de una copia)

• A causa de una dirección endeble, el refrito de un hito japonés de terror no genera suspenso

“Una llamada perdida”
(One Missed Call)
Dirección: Eric Valette. Reparto: Shannyn Sossamon, Edward Burns, Ana Claudia Telancón, Ray Wise. Duración: 1.27. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 3.

A veces, la dirección lo es todo. No es suficiente tomar una idea llamativa y juntar un gran financiamiento para obtener una producción válida. Hace falta un realizador talentoso, en grado de aprovechar al máximo todos los elementos a su disposición y unificarlos bajo su propia visión. Si es que tiene una.
Los ejecutivos que planearon “Una llamada perdida”, seguramente pensaron que iban a ganar dinero fácil, adquiriendo los derechos de un hito japonés de terror y financiando un refrito de alto presupuesto. Sin embargo, ellos se equivocaron, al momento de escoger al joven cineasta francés Eric Valette, a raíz de su prometedor debut en el largometraje, “Malèfique” (2002).
Valette evidentemente no está a la altura de la tarea que le fue asignada. Su dirección endeble hace que la cinta se hunda sin remedio. No genera suspenso ni emoción. Resulta incapaz de sorprender o inquietar. Tampoco sirve como escalofriante pasatiempo, debido a su naturaleza floja y predecible.
La versión original “Chakushin ari”, dirigida en 2003 por el autor de culto Takashi Miike, fue todo un taquillazo en su patria. Dio origen a dos secuelas y una serie de televisión. Al fin y al cabo, su premisa no es más que una copia descarada de la célebre “El aro” (Ringu, 1998): un viejo concepto horrorífico, adaptado a nuevas tecnologías.
Antes, un obsoleto casete de VHS (con características sobrenaturales), anunciaba la muerte inminente de quien lo observaba. Ahora, sucede lo mismo, pero por medio de tenebrosos mensajes enviados a distintos teléfonos celulares. La víctima escucha su propia voz, en el momento de su muerte: a partir de entonces, tiene dos días de tiempo, antes de que su destino se cumpla.
Shannyn Sossamon interpreta a Beth, una joven que observa un patrón misterioso en una cadena de accidentes mortales. Ella investiga el caso junto a un detective de policía, cuya hermana falleció también en forma inexplicable.
No hay ninguna coherencia en el tratamiento del tema fantástico, que se torna cada vez más absurdo y descabellado. Contradice tantas veces su propio planteamiento, que muy pronto deja de tener cualquier sentido, sobre todo cuando los protagonistas encuentran razones lógicas detrás de cada enigma.
Entre actuaciones anodinas y soluciones visuales ya experimentadas en títulos anteriores, “Una llamada perdida” procede por inercia, acumulando matanzas poco sangrientas, muchas pausas con diálogos aburridos, unas cuantas caídas en lo ridículo (¡el exorcismo en vivo!) y un sinfín de rutinarias apariciones espectrales, que no asustan para nada.
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