Lugo y Paraguay
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Lugo y Paraguay


La elección el domingo de Fernando Lugo como nuevo presidente de Paraguay representa un hito en la historia de ese país suramericano.
Su ascenso al poder marca diferencia por ser la primera persona en pasar del clero a ocupar el máximo puesto político en un país suramericano. También porque su elección acaba con seis décadas de historia, en un país que ha marcado su rumbo reciente de la mano del Partido Colorado.

Lugo estará ahora sentado en el “púlpito presidencial”, y su lista de retos es grande.
Paraguay es una de las naciones más pobres del subcontinente. Cuatro de cada diez paraguayos son considerados pobres, un 37% de la población tiene problemas para conseguir empleo, el analfabetismo supera el 7% y más de la mitad de sus habitantes en zonas rurales ni siquiera cuentan con cédula de identidad, de acuerdo con estudios publicados por organismos internacionales.
Pero estos problemas no deberían robarle la paz al ex obispo si logra conjuntar un plan de administración adecuado. Por el contrario, el principal escollo a su administración nace de él mismo.
Lugo llega a administrar un país de más de 6 millones de habitantes cuya mayoría es católica, pero lo hace sin el respaldo del Vaticano, el cual lo retiró del obispado por considerar que política y religión no deben mezclarse.
Además, es tachado por muchos sectores como un asiduo representante de izquierda. Aunque él mismo asegura tratar de mantenerse alejado y se autodenomina como “una persona social no necesariamente izquierdista”, lo cierto es que también debe sopesar la opción de que no puede quedarse solo en un subcontinente inclinado a esta posición sin tener un contacto estrecho con sus vecinos a nivel político y comercial.
Pero además de ello, enfrenta un reto político trascendental. Su llegada al poder se dio gracias a la coalición de múltiples fuerzas políticas que —de no mantener un adecuado manejo— podría desgranarse cuando el pegamento de la campaña electoral empiece a perder su efecto.
De superar con inteligencia todas estas posibles complicaciones, Lugo podría quizás enfocarse con mayor fuerza en los problemas de su país. Sea como sea, Paraguay comienza hoy a tejer una nueva historia.

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