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Martes 10 Noviembre, 2009

Lucharemos contra el “accidente de nacimiento”

Recientemente el Ministerio de Comunicación y Enlace junto con el Centro Iberoamericano de Estudios para la Familia organizaron un interesante foro enfocado a la familia, la política social y la prevención de la violencia. Una de las exposiciones que más llamaron la atención fue la del Dr. Bernardo Kliksberg, que planteó una serie de temas, sin embargo nos marcó su frase “accidente de nacimiento”.
El accidente de nacimiento fue explicado por Don Bernardo, como la situación coyuntural que viven miles de ciudadanos de Latinoamérica que nacen cada año en lugares complejos y llenos de desigualdad en los países de la región. El lugar donde nacemos marca nuestro destino, marca el acceso a oportunidades y marca por ende nuestra vinculación con la sociedad. Cuanta más exclusión vivan nuestras sociedades, mayores serán los accidentes de nacimiento y por ende desde la función pública lo que debemos hacer es actuar para eliminarlos.
Decía Juan Pablo II que “la familia es la base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida”, ciertamente la unidad básica con la que debemos trabajar para eliminar los accidentes de nacimiento es la familia. Con asombro hemos ido constatando poco a poco, que uno de los principales focos de desvalorización y causal de violencia, es la pérdida del arraigo y del sentido de pertenencia. Desde luego eso se da ya que en la escuela y en la casa, ya no fomentamos ese vínculo con la historia de nuestro origen, y desgraciadamente en los hogares cada vez es menor el tiempo que compartimos juntos los miembros de la familia.
Por ende debemos todos buscar el método en que podamos conjuntar nuestras obligaciones laborales, estudiantiles y sociales para compartir juntos un momento al día como mínimo. Un chance donde podamos conversar y disfrutarnos, donde podamos contar historias y convivir. Sé que es complicado, pero como también decía don Bernardo “la familia hay que disfrutarla”. Hoy no podemos ser estatuas cuando sabemos que dos tercios de la población que delinque juvenilmente proviene de familias desarticuladas y que no sienten el afecto de lo suyos.
Por otro lado debemos retomar una visión que países como Brasil, vienen desarrollando a favor de la mujer, como vínculo de desarrollo y motor de la calidad de vida. Cuando la política social está destinada a ayudar a la madre, ella logra aprovechar los recursos de forma importante. Por otro lado es la mujer la que más se preocupa por el entorno donde se desarrolla el seno familiar, y es la mujer la que con una visión particular se preocupa por los espacios de convivencia, y todo esto genera seguridad. En Costa Rica por ejemplo son las mujeres las que en una abrumadora mayoría se preocupan por los comités de seguridad comunitaria del país.
Así que como conclusión, el enfoque de fomento a la familia no es solo garantía de una mejor calidad de vida para sus miembros, es también garantía de una mejor sociedad que no tolerará el accidente de nacimiento. Acotaba Juan Pablo II que “el futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”. No podemos decir que es responsabilidad solo del Estado la política de fomento, sino que es una responsabilidad compartida entre las empresas, los centros educativos, el Estado y la voluntad de cada uno de nosotros, que somos parte de una familia y de una nación que se debe superar a sí misma para ser más inclusiva, más justa y más igualitaria.

Jorge Rodríguez Vives
Internacionalista