Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 11 Junio, 2015

Bien haría el mandatario poniéndole el pecho a ese mundo de fallonazos que está atizando las preocupaciones y dudas en el sector privado criollo
 

De cal y de arena

Los viajes del Presidente

Más que por el número y por su frecuencia, hemos de preocuparnos por la razón y la oportunidad de los viajes al exterior del Presidente de la República. Precisar el porqué, para qué, calibrar los resultados del periplo, no vaya a ser que nuestro gobernante esté viajando para ocuparse de asuntos que deberían atender sus más cercanos colaboradores —los ministros, los embajadores.
Cuidado con prematuras diligencias, inmaduras para fructificar, pues este expediente se le puede chotear. Trece viajes al extranjero contabiliza el presidente Solís y 60 los días absorbidos por estos periplos que el púlpito oficial justifica con la razón de atraer inversión extranjera para generar más y mejores empleos, pero ¡ojo! con diligencias inmaduras para fructificar.
Los partes gubernamentales no advierten este riesgo y son oficiosos en resaltar la pertinencia de las salidas del mandatario, una generalización no valedera cuando vemos que don Luis Guillermo va a procurar becas estudiantiles y a reunirse con unos empresarios que deben estar enterados de las quejas y preocupaciones (aún no evacuadas) de nuestras cámaras patronales ante un entorno con mil incógnitas, o con otros que apenas están considerando la posibilidad de venir por aquí y que deberían ser tratados por los ministros, no por el Presidente.
¿O será que él maneja un deleitoso menú para los inversionistas con los que se reúne en sus viajes, preparado como exquisita confitura para inducirlos a venir?
Si tiene ese menú, ¿por qué no lo pone a la orden de los empresarios aquí instalados a efecto de desvanecerles la agüevazón que les embarga?
Fuera de los ámbitos presidenciales no hay una evaluación objetiva, un balance de resultados idóneo para dar por irrebatible la procedencia de cada viaje o para —en la hipótesis de un saldo negativo o pobre en logros— imponer un giro y convencer al Presidente de que es mejor encarar de lleno la maraña de problemas internos, no pocos incubados en la astenia política y en las contradictorias posiciones del gabinete y de las presidencias autonómicas, maraña que es el mismo contexto que encararían también esos empresarios foráneos.
Bien haría el mandatario poniéndole el pecho a ese mundo de fallonazos que está atizando las preocupaciones y dudas en el sector privado criollo, mundo a veces muy espeso como lo evidencia la hilera de compañías que han cerrado operaciones o están cerca de hacerlo en medio de la pérdida de dinamismo de la economía y de capacidad para competir con actores mejor posicionados en otros contextos más estimulantes y rentables.
Quizás una buena zarandeada a lo interior de la agenda de los viajes presidenciales nos acerque a encontrar qué o cómo están las cosas, hay una sinrazón en los periplos. Una buena zarandeada nos podría demostrar que es mucha la tarea que los ministros y embajadores aún no han completado y nos haría entender que esto de los viajes presidenciales no debe tenerse como liviandad improvisada para acumular las fotografías del cuaderno de vida presidencial.

Álvaro Madrigal