Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 11 Noviembre, 2009


Los salarios de ministros y diputados


Los tres meses entre febrero y mayo del año venidero ofrecen una ventana de oportunidad para aumentar los salarios de ministros y diputados que no se dará de nuevo hasta el mismo periodo de 2014. En cualquier otra época una iniciativa para hacer los salarios más competitivos provocaría una tormenta política de grandes dimensiones. Esta oportunidad no se debería desaprovechar, porque cada vez es más difícil atraer el mejor talento a las posiciones de liderazgo.
Es común escuchar las críticas al desempeño de los ministros y diputados. A los que se dejan expresar en forma despectiva acostumbro preguntar si estarían los quejosos dispuestos a ocupar uno de los puestos, como lo ha hecho la persona de la que se está quejando. Siempre baja el tono de la crítica el que está desconforme.
Para ser ministro o diputado el ciudadano tiene que tener rentas independientes de su salario, o estar dispuesto a hacer un gran sacrificio por un periodo perentorio para el bien de la patria. Un profesional asalariado con hijos en edad escolar, con la obligación de pagar hipoteca sobre la casa donde vive, y con una carrera de cierto éxito, no puede dejar todo por cuatro años para servir en el gobierno.
Al ver los salarios de los legisladores y ministros en países vecinos, mi opinión es que un salario de cinco mil dólares mensuales sería algo manejable por el fisco. Permitiría que más personas talentosas pudieran ir al gobierno por cuatro años o, en el caso de los ministros, hasta que el presidente les pide la renuncia.
Los que se oponen a las alzas en la remuneración de los jerarcas siempre se aferran al argumento de que Costa Rica es un país pobre, que hay miles de habitantes que viven con mil colones diarios, que el gobierno no tiene ingresos que permiten pagar esos aumentos, y que hay otras prioridades más urgentes. Todos esos argumentos tienen su fundamento, pero la realidad es que si se quiere resolver lo que son los problemas nacionales, el gobierno tiene que poder contratar al mejor talento posible. Se necesitan soluciones y se requiere liderazgo aparte del presidente y unos pocos legisladores. Ahora esto no es posible, y es obvio por el desempeño del ejecutivo y el legislativo, que solamente a ratos demuestran capacidad y visión. No solo desde 2006, sino en todos los periodos constitucionales se presenta el problema funcional de falta de liderazgo.
Es común encontrar situaciones donde un ministro, “rector” de un sector, gana sustancialmente menos de lo que reciben personas que supuestamente son sus subalternos. Incluso hay docentes universitarios que ganan más que un ministro o un diputado, a merced del compromiso que tiene la sociedad con una enseñanza superior para toda la población. Todo el mundo está de acuerdo en que hay que atraer el mejor talento a las universidades, porque el futuro del país está en juego. La misma lógica debería aplicarse a los diputados y ministros.
Los cuatro años venideros serán de tantos retos como han sido todos los anteriores. Pero el pueblo quiere más logros con mayor velocidad. El primer paso sería llevar a los ciudadanos más talentosos al gobierno, y para lograr ese objetivo hay que pagar de forma competitiva a los que están dispuestos a servir.

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