Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Lunes 3 Marzo, 2014

Hubo un tiempo en que Costa Rica tuvo ascensores sociales que funcionaban bien y que transformaron a esta sociedad en un ejemplo para Latinoamérica


Los pobres no existen

Algo ha pasado en Costa Rica en las últimas décadas, en que el número de pobres sube sin cesar (en términos absolutos), mientras se lanzan cuantiosos recursos con un resultado concreto: casi un millón de personas recluidas en la pobreza.
Hubo un tiempo en que Costa Rica tuvo ascensores sociales que funcionaban bien y que transformaron a esta sociedad en un ejemplo para Latinoamérica.
Se pasó de una sociedad solidaria a una sociedad en que cada grupo de presión vela por sus propios intereses, lo que es legítimo, solo que no hubo espacio para los que no tenían poder de negociación: los pobres.
Desaparecidos los grandes líderes creadores de ascensores sociales, los pobres se quedaron aislados y multiplicándose.
Entonces aparecieron cada cuatro años nuevas instituciones y programas hasta construir una red burocrática tan grande como su inoperancia.
Los resultados están a la vista: mientras la mayoría de los países latinoamericanos muestran un avance significativo en sus programas de combate a la pobreza, nosotros mostramos números cada vez más vergonzosos.
En esta lucha hemos fracasado rotundamente. Costa Rica creó desde hace décadas una estructura social sólida (salud y educación) que facilita un programa sostenido contra la pobreza, cuya carencia ha sido uno de los grandes obstáculos en otros países. Pero esta estructura no la hemos sabido aprovechar.
Algo que es útil, pero que a su vez es una trampa, es pensar que la pobreza solo se puede medir con una perspectiva económica: un hogar es pobre si su ingreso está por debajo de lo que se ha definido como línea de pobreza.
Hay gobiernos que hacen esfuerzos por dar subsidios que permitan a ciertos miles de hogares alcanzar la línea de pobreza para mejorar los indicadores, pero eso pronto se desinfla. No hay políticas integrales que permitan sostener las estadísticas.
En una perspectiva internacional moderna es fundamental trabajar con programas más integrales y sostenibles. Hay que lograr que las personas beneficiadas desarrollen un sentido de pertenencia social y atenuar su vulnerabilidad, es decir, su incapacidad para aprovechar las oportunidades disponibles en la sociedad.
No se trata solo de otorgar bonos, hay que abrir espacios para que el paternalismo no se haga perpetuo.
La ayuda, para que sea efectiva y sostenible, debe tener dos impulsores: la sociedad y el beneficiado. Aquí el empleo y el estudio son factores clave.
¿Por qué hay cientos de miles de puestos ocupados por nicaragüenses y no por pobres nacionales? ¿Desde cuándo la pobreza es incompatible con trabajos que en el pasado fueron dignos? Naturalmente no estamos hablando de pobreza extrema.
Tenemos que aprender mucho de los programas de lucha contra la pobreza que están siendo exitosos en varios países del continente y más allá, pero lo que hemos imitado lo hemos estado haciendo bastante mal.
Hay que convertir lo que hoy es un gasto en una verdadera inversión social, que es lo más importante.

Arturo Jofré
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