Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 18 Enero, 2016

 En nuestro país la relación entre las clases de manejo, los curas y el abuso sexual contra menores da para una buena película

Los pedófilos dan asco

Hay dietas para adelgazar y muchísimas para mejorar la salud pero, en ningún caso, se puede dejar de comer sin morir. En cambio, ningún ser humano muere si no tiene relaciones sexuales aunque la mayoría la pasará pésimo, sobre todo a ciertas edades y en ciertas circunstancias, cuando las hormonas atacan como zancudos con dengue.
La abstinencia sexual no debería ser una imposición para ningún adulto que tenga sexo consensuado con otro mayor de edad. Los pedófilos, en cambio, deben ser separados de todo contacto con niños y niñas.
Los datos acerca de la cantidad de pedófilos en el mundo varían considerablemente. Según la clínica Universitaria alemana de Schleswing Holstein el 1% de la población adulta masculina de ese país se siente atraída sexualmente por los pre púberes; en una entrevista de La Repubblica de Roma el Papa Francisco parece haber asegurado que el 2% de los curas tiene un impulso sexual hacia los niños y/o niñas; y la ONU estimó en 2009 que existían 750 mil pedófilos, cifra conservadora a mi parecer.
Así como estoy convencida de que la homosexualidad y la pedofilia no son sinónimos ni van de la mano (conozco heterosexuales pedófilos y me provocan el mismo asco que cualquier otro adulto que abuse de niños o niñas), me niego a creer que el celibato conduzca a la pedofilia. Seguro lleva a romper el celibato manteniendo relaciones sexuales con hombres y/o mujeres según los gustos de cada uno.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta que las cifras de abuso sexual de los clérigos sobre menores de edad son tan altas, masivas y amplias, geográficamente hablando, que los sicólogos ya deben estar elaborando hipótesis sobre las razones de este descalabro.
A quienes les interese el tema y les guste el buen cine les recomiendo “Spotligth”, una película basada en la historia real de un equipo de periodistas del Boston Globe. Cinco reporteros investigaron sobre los miles de casos de pedofilia de 250 clérigos de Massachusetts y, sobre todo, del ocultamiento sistemático de estos horrores por parte de Bernard Law, cardenal de Boston del 84 al 2002, año en que renunció y fue reubicado por Juan Pablo II como archipestre de la Basílica de Santa María la Mayor.
No solo Law ha gozado de un buen retiro a pesar de sus encubrimientos: Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y denunciado por múltiples abusos, murió en un lujoso hotel de Florida sin recibir ningún castigo. Podría mencionar a otros pero no me alcanza el espacio.
El equipo del periódico de Boston obtuvo el premio Pulitzer al servicio público en 2003. Cinco años antes, el texto teatral “Cómo aprendí a manejar” de Paula Vogler ganó el Pulitzer a la dramaturgia. La obra cuenta la historia de una jovencita que es manipulada sicológicamente por su tío político mientras este le enseña a manejar y luego abusa de ella en el asiento del automóvil.
En nuestro país la relación entre las clases de manejo, los curas y el abuso sexual contra menores da para una buena película. Los fanáticos del cine, estamos esperando.

Claudia Barrionuevo
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