Macarena Barahona

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Sábado 19 Julio, 2014

El manatí, las ballenas y los delfines, recorren nuestros mares y aguas dulces desde hace miles de años


Cantera

Los manatíes caribeños

El 22 de julio la Asamblea Legislativa (así lo deseamos) aprobará en segundo debate el proyecto que convertirá al manatí en símbolo nacional.
Esta es una iniciativa de un grupo de estudiantes de la Escuela de Limoncito de Limón, para que el manatí sea convertido en “Símbolo de la fauna marina de Costa Rica y de la esperanza de la niñez en la protección de los recursos naturales”.
El Trichechus manatus está en proceso de extinción, principalmente por la caza indiscriminada y la contaminación de las aguas en sus hábitats naturales. Esta declaratoria influirá directamente en la protección de su hábitat. El Ministerio de Ambiente y Energía, las instituciones públicas y privadas estarán obligadas a protegerlos.
El manatí, junto con las ballenas y los delfines, recorren nuestros mares y aguas dulces desde hace miles de años. El primero dado su gran tamaño y mansedumbre ha sido víctima de la caza indiscriminada, y la hembra que amamanta a su cría por dos años, ha sido de más fácil cacería.
La educación ambiental y la protección hacia esta especie como hacia la tortuga marina, el tiburón o el jaguar, deben ligarse en esta declaratoria de símbolo nacional.
Deben, como en la declaratoria de interés nacional a “Las Esferas Borucas”; unirse a que el Ministerio de Educación Pública integre dentro de sus unidades de estudio de Ciencias Biológicas y Estudios Sociales, la Educación Ambiental; por la importancia de estas especies para la biodiversidad de nuestro territorio y el patrimonio natural de los costarricenses.
Algunas de sus características:
Los manatíes pertenecen al orden Sirenia, que incluye tres especies de manatíes y el dugongo. La más común en nuestra costa caribeña es la llamada manatí de las Antillas (Trichechus manatus), que también habita la península de Florida, México, islas del mar Caribe y la costa atlántica de Centro y Sudamérica, hasta Brasil.
Pueden vivir en agua salada y dulce. Los machos llegan a pesar hasta 400 kilogramos y medir cuatro metros; las hembras son de menor tamaño y peso.
Los biólogos mexicanos junto con las universidades e instituciones públicas de Veracruz y Oaxaca estudian y protegen a esta especie. Se ha documentado que pueden migrar hasta 300 kilómetros a lo largo de la costa y residir en ciertas zonas.
Al ser acuáticos, enfrentan problemáticas como la pérdida, degradación y fragmentación del hábitat; la contaminación por descargas contaminantes del desarrollo indiscriminado y no amigable con el ambiente, del turismo en la zona de Tortuguero; la captura por redes de pesca ilegal; y la contaminación química provocada por la contaminación de tóxicos vertidos por herbicidas, pesticidas y fertilizantes, gasolina, diésel, provocando contaminación en el agua y las plantas acuáticas.
Esta explotación mermó las poblaciones que eran más abundantes y de distribución más amplia.
Esta iniciativa que apoyamos y aplaudimos debe ser retomada por las universidades públicas y que motive a estudio y análisis de esta hermosa especie de nuestro patrimonio natural promoviendo la investigación, la educación y la preservación de nuestra riqueza natural.
Muchas felicidades a los y las estudiantes y docentes de la Escuela de Limoncito de Limón por esta iniciativa, y esto sí es una verdadera enseñanza de iniciativa y cívica.


Macarena Barahona