Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 7 Julio, 2016

Allí donde medran los grupos de presión, las decisiones de gobierno están mediatizadas desde mucho antes de que Arias escribiese “Grupos de presión en Costa Rica” allá por los años 70

 

De cal y de arena

Los intocables grupos de presión


En sus estudios sobre las características y significado de los grupos de presión, el expresidente Óscar Arias reflexiona sobre la importancia —y necesidad— de que por la cercanía y proximidad al poder político de estos conglomerados de individuos e intereses, sean sometidos a regulación y control para anticipar que actúen como fuerzas desintegradoras del mismo sistema democrático que les da origen. Son un fenómeno de presencia universal que buscan influir en la toma de las decisiones atinentes a la gestión del Estado y sus órganos para asegurarse que su contenido no riña con sus intereses. Los factores económicos, sociales y políticos del régimen en que se insertan, son los que para Arias determinan en última instancia su formación y desarrollo. Se posicionan en los partidos políticos así como en las instituciones visualizadas como poderes fácticos (cámaras, sindicatos, prensa, a veces también confesiones religiosas), a manera de trampolín o plataforma de avanzada. Sin control ni sumisión regulatoria, dice el expresidente, esos grupos se convierten en fuerza desintegradora de la democracia que les da vida. De ahí la necesidad —apunta— de un poder ejecutivo vigoroso, un parlamento independiente y un sistema de partidos fuertes y eficientes. Recordado esto, habría que auscultar en los dos gobiernos de don Óscar y en sus años como actor político del PLN para saber cuáles providencias promovió a lo interno de este y de su gobierno en procura de evitar que los grupos de presión penetren con afán dominante las instancias del poder político.

Creo que las instancias políticas nacionales han sido indiferentes —para no decir que desaprensivas— ante el riesgo desestabilizador que les significan los grupos de presión cuando se mueven por la libre en esos espacios creados por la incuria morbosa que enferma gobiernos y partidos. Tratados, leyes y reglamentos los hay cuyos contenidos están definidos en función no del bien común y sí de intereses gremiales, justamente a resultas de que el poder político está influido por ellos. La bancarrota de las finanzas nacionales lleva esta marca. Igual cuando uno de los presidentes de periodo no lejano, delegó la selección de los miembros de su gabinete en figuras connotadas del mundo de los grupos de presión. Algo más: los términos de las leyes referentes al destilado de petróleo, a extranjería y naturalización y a la apertura de las telecomunicaciones, se incubaron en influyentes bufetes. ¿Cuánto ha cambiado ese orden de cosas? A la luz de las circunstancias que se destaparon cuando los gremios de transportistas de buses bloquearon los cambios en los regímenes tarifarios y votaron por la destitución del viceministro de Transportes, Sebastián Urbina, poco o nada. Allí donde medran los grupos de presión, las decisiones de gobierno están mediatizadas desde mucho antes de que Arias escribiese “Grupos de presión en Costa Rica” allá por los años 70 del siglo pasado. Poco o nada ha cambiado.

Álvaro Madrigal