Bruno Stagno

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Lunes 26 Septiembre, 2011


Los dobles raseros de la representación


El pasado 14 de septiembre, un órgano subsidiario de la Asamblea General de las Naciones Unidas aceptó sin cuestionamiento alguno las credenciales remitidas por el Comité Nacional de Transición (CNT) para asumir la representación de Libia en Naciones Unidas.
Ninguno de los integrantes del Comité se preocupó realmente por la personalidad jurídica de dicho ente, la legitimidad de sus representantes o la admisibilidad de la solicitud.
El Comité pasó por alto estos asuntos con el fin de legitimar a los diversos y en ocasiones desconocidos grupos de rebeldes que integran el CNT.
Muchas incógnitas rodean a este “gobierno interino”, entre ellas la proclividad hacia el fundamentalismo islámico o complicidad con el ancien régime de algunos de sus principales líderes. Aunque ahora condena los abusos y excesos del pasado, el supuesto Jefe de Estado de la CNT, Mustafa Abdul Jalil, fue hasta el 21 de febrero nada menos que el Ministro de Justicia de Gadafi.
Aún es muy temprano para determinar si este cambio de bando fue un acto de conciencia o de conveniencia.
No hago referencia a lo ocurrido en el Comité de Credenciales para defender una causa afortunadamente perdida y superada —Gadafi—, sino más bien para resaltar los dobles raseros aplicados por algunos de los nueve países integrantes en cuanto al tema de la representación en Naciones Unidas.
Por un lado allanan el camino para que el CNT pueda asumir la representación de Libia sin dilación alguna, y por otro movilizan a todas sus fuerzas e influencias para evitar que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) un ente reconocido y liderado en la actualidad por interlocutores serios y probados como el Presidente Mahmud Abbas y el Primer Ministro Salam Fayyad, pueda elevar la suya a la categoría de Estado Miembro.
Anuncian que vetarán o postergarán indefinidamente la solicitud de admisión de Palestina a las Naciones Unidas en el Consejo de Seguridad y paralelamente socavan la viabilidad de toda gestión en la Asamblea General.
Reclaman un reinicio de un proceso de paz que es puro proceso, con calendarios vencidos, compromisos incumplidos y reiterados retrocesos que alteran la realidad en el terreno, al mismo tiempo que inclinan la balanza decididamente en contra de los legítimos derechos de Palestina.
Confinan el tema a un adefesio conocido como el Cuarteto, el cual carece de partitura alguna y no hace más que ofrecer conciertos esporádicos de cacofonía, y simultáneamente descalifican toda iniciativa proveniente de Palestina.
Ahora que Palestina ha formalmente solicitado su admisión como Estado Miembro en Naciones Unidas, se expone a muchos otros dobles raseros.
Al optar por el camino con mayores réditos potenciales, ha cometido un desafortunado error estratégico: ha encomendado su suerte al Consejo de Seguridad, el cual viene procrastinando sobre la cuestión de Palestina desde el 5 de marzo de 1948. Ya es hora que la Asamblea General le depare otro destino.

Bruno Stagno Ugarte