Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 31 Diciembre, 2015

De cal y de arena

Los desafíos no han variado
Entramos a 2016 con los mismos grandes desafíos, principalmente los atinentes al grave déficit en las finanzas gubernamentales, al desalentado crecimiento de la economía, a la presencia casi inmóvil de la pobreza, el desempleo y la desigualdad, cuestiones que demandan una concertación de ámbito social y político plural idónea para gestar las acciones de gobierno con qué rectificar el rumbo y preservar lo que ha hecho de Costa Rica un Estado de derecho, una democracia señera por la primacía de las libertades ciudadanas y por haber construido una sociedad asentada en el crecimiento de la economía inducido por la justicia social. La tarea es de cuantía mayor en temas muy concretos pero gruesos, no fáciles ciertamente, inaplazable si no queremos agravar los desajustes fiscales, económicos y sociales que nos van llegando al cuello. ¿Qué de nuevo estoy anotando? Nada… simplemente estoy repitiendo lo que se está advirtiendo que son desafíos impostergables. Y sin embargo, poco (para no decir que nada) se ha emprendido en la vía de la rectificación, cosa increíble en una sociedad que se precia de madurez cívica. Es peligrosa la deriva que esta realidad puede tener, algo que en 2010 ya apuntaba Rodolfo Cerdas Cruz en Costa Rica en la Encrucijada: “Estamos bajo el peligro de que lo que ha sido hasta hoy un exitoso proyecto nación y democracia acabe convertido en solo un pintoresco punto geográfico en el mapa, de mero interés turístico por sus paisajes y su indudable riqueza geológica”.

Como que vemos con trivialidad eso de que el déficit fiscal ronde el 6% del PIB, que el crecimiento económico sea anémico —abajo del 3%—, o la falta de seducción del país para la inversión privada, que se repita la queja de pérdida de competitividad, que el sector agropecuario que abastece el mercado interno y que es vital en la generación de empleo sufra la ausencia de políticas de gobierno estimulantes (de 1984 a 2014 su presencia superficial pasó de 3,1 a 2,4 millones de hectáreas), que el grueso de las oportunidades laborales esté restringido a personas con calificación técnica o profesional y un segundo idioma. Como que muchos no calibran que en tanto el desempleo abierto esté en el 8%, la pobreza en el 22% y se aminoren las oportunidades educativas, padeceremos problemas de seguridad ciudadana, violencia y criminalidad (y el acoso del narcotráfico) hasta hacer de esta descomposición social una “epidemia” conforme a la categorización de la Organización Mundial de la Salud.


Si de algo puede acusarse a la administración Solís Rivera es de falta de músculo político para armar los consensos de amplio ámbito social y político necesarios para estructurar los cambios de rumbo que salven al país de un colapso. Las escasas y flácidas iniciativas que ha emprendido han sido presa de la misma crisis interna que sufre el partido de gobierno y que le impide ganar autoridad y poder de convocatoria. Otras agrupaciones políticas con presencia parlamentaria andan por parecido rumbo, sin fuerza persuasiva y a ratos contradictorias, lastradas por carencias de liderazgos internos y externos. No será fácil, pues, encontrar en 2016 el liderazgo requerido para los cambios.