María Luisa Avila

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Jueves 14 Noviembre, 2013

Al jugar cromos estimulábamos la concentración y la motora fina, nos divertíamos, pero a la vez adquiríamos habilidades sociales, saber ganar y perder, dejar ir un preciado cromo, pero adquirir otro a cambio


Tricotomía

Los cromos de nuestra infancia

El domingo acomodando mi biblioteca, dentro de uno de mis viejos libros de medicina me encontré parte de mis cromos de la infancia. Les tomé una foto y la subí a mi muro de Facebook.
La reacción no se hizo esperar, muchos y muchas se referían a sus cromos con cariño y afecto, recordando momentos de su vida.
Recuperamos, con una simple foto, las sensaciones y las emociones, dormidas en nuestra memoria, pero que un día fueron parte de nuestro vivir.
Los recuerdos afloraron y con ellos la nostalgia por una etapa fundamental de nuestra vida, la que nos marcó y nos hizo quien hoy somos.
Las frases iban y venían, “…que mis cromos tenían escarcha”, “…que los míos eran los más lindos”, “…que todavía se consiguen en algunas librerías del país”, “…que yo aún juego con mi hija”, "…Lo mejor que pudo haber en nuestra niñez, me encantaría tenerlos ahorita, pero era una perdedora, me los ganaban las chiquillas y odiaba cuando me ganaban los más lindos, y jugábamos todos los recreos y después que dolor en la palma de la mano”.
“…Los cromos en mi tiempo, silo los acomodados o ricos decía yo, los tenían, a mí se me iban los ojos al verlos. Una vez tomé uno prestado, lo arrugué bien para decir que me lo había encontrado y lo pegué en el Cuaderno de Vida”.
Sin duda la vida es una colección de recuerdos que son evocados por preciadas imágenes de esos momentos.
Al niño o la niña que todos llevamos adentro, les gusta que de vez en cuando los saquemos a pasear, que evoquemos las sensaciones y emociones de entonces, cuando la vida era más simple y nos alegraban cosas tan pequeñas como los cromos.
Al jugar cromos estimulábamos la concentración y la motora fina, jugábamos, nos divertíamos, pero a la vez adquiríamos habilidades sociales, saber ganar y perder, dejar ir un preciado cromo, pero adquirir otro a cambio.
Lo que importa es la memoria, el recuerdo. José Saramago decía que uno va con el niño que fue. Juan Cruz, periodista español, nos hace reflexionar: La infancia es la primera memoria, y es la última que se pierde. A la infancia se vuelve, siempre, ahí está la raíz de la memoria; cuando los recuerdos se evaporan, el último bastión es la infancia.
Un puñado de cromos nos hizo volver a la infancia, nos llenó de recuerdos, nos transportó por breves instantes al pasado. Al fin y al cabo, quedó demostrado que grandes recuerdos viven en pequeños trozos de papel.

María Luis Ávila