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Jueves, 13 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Los primeros pasos del Gobierno

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 13 junio, 2018


Pizarrón

Los primeros pasos del Gobierno

Se acaba de cumplir el primer mes del segundo gobierno del Partido Acción Ciudadana, del presidente Carlos Alvarado Quesada y de su llamado gobierno de Unidad Nacional y del Bicentenario.

En la historia política de la Segunda República, desde 1948 hasta hoy, los partidos Liberación Nacional, la Unidad Social Cristiana y ahora Acción Ciudadana son los únicos que han gobernado y que han repetido consecutivamente un gobierno.

Liberación Nacional lo ha hecho tres veces, 1970-1974, gobierno de José Figueres Ferrer y 1974-1978, gobierno de Daniel Oduber Quirós, luego en 1982-1986, gobierno de Luis Alberto Monge Álvarez y 1986-1990, primer gobierno de Óscar Arias Sánchez, además de 2006-2010, segundo gobierno de Óscar Arias Sánchez y 2010-2014, gobierno de Laura Chinchilla Miranda. La Unidad Social Cristiana repitió el gobierno 1998-2002, el de Miguel Ángel Rodríguez Echeverría y el de 2002-2006, el gobierno de Abel Pacheco de la Espriella; más recientemente, Acción Ciudadana, 2014-2018, gobierno de Luis Guillermo Solís Rivera y el actual, 2018-2022, gobierno de Carlos Alvarado Quesada.

Por la alternancia en el Poder Ejecutivo entre Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, hasta 2014 marcaron lo que se llamó el bipartidismo nacional, a nivel del Poder Ejecutivo, cuando solo esos partidos gobernaban. A partir de 2014 entramos en una etapa de tripartidismo gobernante, que suma al Partido Acción Ciudadana. A partir de las elecciones de 2022 veremos si alguno de estos tres partidos mantendrá la conducción del Ejecutivo nacional. Por ahora esto es una incógnita. No se puede asegurar del todo que la Unidad Social Cristiana como Liberación Nacional estén ya muertos en esta posibilidad, como no se puede asegurar que Acción Ciudadana tenga asegurada con este gobierno su reelección partidaria. Del desempeño de este gobierno esto se verá a prueba. Y del resultado de esa elección sabremos cuáles de estos tres partidos quedan rezagados en el ejercicio del Poder Ejecutivo, o si los tres, en el caso de que emergiera una nueva fuerza política en 2022.

La connotación del bipartidismo también se dio en virtud del control mayoritario que ejercían los partidos Unidad Social Cristiana y Liberación Nacional del número de diputados, que les permitía tomar acuerdos fácilmente. Esta situación se quebró en 1998, y desde entonces dos partidos políticos por sí no constituyen la mayoría parlamentaria.

Cuando en el pasado alguno de esos partidos, Liberación Nacional o la Unidad Social Cristiana repitió gobierno, nunca se dijo, ni se hizo el análisis político, de que el primer año del segundo gobierno de esos partidos, era el quinto de gobierno. Ni el segundo, ni el tercero, ni el cuarto año se consideraron el sexto, sétimo y octavo año del gobierno de la Unidad Social Cristiana o de Liberación Nacional.

En esta ocasión, con la reelección del Partido Acción Ciudadana, se ha cuadrado una parte de la opinión política, de los diputados y de analistas de considerar que este primer año que inicia de Carlos Alvarado es el quinto de Acción Ciudadana, en la idea de que continúa al anterior.

Es cierto que un gobierno continúa al anterior, pero no es cierto que cada presidente, que ha continuado el ejercicio de gobierno de su partido, continúe con los mismos objetivos del gobierno que le ha precedido. El gobierno de Daniel Oduber fue distinto al de José Figueres, el de Óscar Arias mucho más distinto que el de Luis Alberto Monge, y Laura Chinchilla se distanció rápidamente del gobierno de Óscar Arias. El Presidente actual, a pesar de que planteó valientemente en la campaña que daría continuidad al gobierno de Luis Guillermo Solís, la verdad es que se distanció rápidamente también, en la etapa final de la campaña, de ese planteamiento político, y alteró el cuadro político nacional al integrar su Gabinete con personajes de distintos partidos políticos, con la imagen de haber logrado con ellos pactos de gobernabilidad, lo cual lo hace distinto de todos los gobiernos anteriores.

En este sentido me parece que no es justo pintar los primeros pasos de Carlos Alvarado, en su gobierno, como algunos han tratado de hacerlo, como si fuera la sombra de Luis Guillermo Solís.

En esto de gobiernos continuos, de un mismo partido político, pero en general vale para todos, aplica el refrán de cada perro tiene su propia manera de matar pulgas. Es decir, cada presidente tiene su propio sello, su propia personalidad, su propia identidad, y su propia vanidad para imprimirle al gobierno su propia marca.

Que yo recuerde ningún gobernante de un mismo partido político mantiene como banderas de su gobierno, como proyectos de su gobierno, lo que fueron las banderas y proyectos del gobierno anterior.

Cada campaña electoral encuentra a cada partido, aun al que está en el gobierno, con un nuevo planteamiento programático, con una nueva propuesta de gobierno, con nuevos objetivos y metas nacionales. Aquí ni siquiera operan los planes nacionales de desarrollo, ni los planes quinquenales, ni el Ministerio de Planificación como un elemento de continuidad gubernativa. Es más, el candidato del partido que está gobernando en la campaña electoral se distancia como candidato, y como partido político que lo lleva de candidato, del presidente en ejercicio y de su partido como partido gobernante. Para mí esto es un factor negativo de nuestra cultura y educación política, cívica y electoral. No se debe impedir que los miembros del Poder Ejecutivo participen del debate político nacional, que tengan beligerancia política, como tienen en los países de mayor nivel democrático de participación y representación política, sin que estos funcionarios se desliguen de sus partidos políticos.

La izquierda nacional que defiende los procesos reeleccionistas, de la izquierda latinoamericana, y la alta beligerancia política de sus gobernantes, en gobiernos como el de Cuba, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Ecuador, como también lo hizo con Brasil, Paraguay y Argentina, en sus respectivas modalidades, no defiende en Costa Rica la reelección continua del gobernante, y hasta ha criticado la reelección que restableció la Sala IV, ni tampoco se pronuncia por eliminar la prohibición de beligerancia política de los gobernantes y autoridades de gobierno nacional, cuando esto es de la conveniencia política de la misma izquierda.

Los primeros 30 días de gobierno de Carlos Alvarado apenas están despuntando. Habrá que esperar, de mejor forma los primeros 100 días, que se han venido evaluando en los últimos gobiernos para ver cómo pinta el resto del periodo de gobierno.

Hacer un balance de los primeros 30 días puede resultar cruel, vacío e injusto. No todos los ministros tienen igual proyección pública en estos primeros días.

Sobre la expectativa de una vida de 96 años de una persona, suponiendo que cada mes de gobierno, de los 48 que tiene, equivale a dos años de vida, el primer mes apenas valoraría los primeros cuatro años, lo que hace que el gobierno ni siquiera esté en la etapa escolar de preparatoria, y probablemente ni siquiera sepa escribir, y si carece de buenos maestros y padres y madres que se preocupen de este aprendizaje, su situación podría ser peor.

De los ministros los que han sobresalido son el de la Presidencia, la de Hacienda, la de Relaciones Exteriores, el de Comunicación y el de Educación en primer lugar. En segundo lugar despuntan el de Obras Públicas y el de Seguridad. Los otros todavía no se sienten.

En cuanto al de la Presidencia, Rodolfo Piza, está haciendo bien su papel. Tan bien lo está haciendo, que comparado con el gobierno anterior donde el ministro ni se sentía, ha provocado que en versión negativa algunos críticos digan que el Presidente no existe, o que hay dos presidentes.

La verdad es que Rodolfo Piza está haciendo bien su papel, se está luciendo, el puesto le ha quedado como anillo al dedo, ha movido ese Ministerio, le ha dado vida, lo ha echado a la calle, y se siente. En buena política, el Ministro de la Presidencia es el más importante de todos los ministros, de tal forma que cuando habla el Ministro de la Presidencia se debe entender que habla el Presidente de la República. Así ha sido con ministros como Rolando Laclé o Rodrigo Arias, para citar dos.

La Ministra de Hacienda, a solicitud de los diputados, ha planteado una serie de medidas, que se pueden hacer desde el Poder Ejecutivo, por vía de decretos o modificación de decretos, y ha solicitado apoyo parlamentario, para reducir gastos nacionales, sin afectar programas sociales y sin despedir empleados públicos. Ha sido criticada porque en la misma medida no ha planteado cómo recaudar más impuestos o cómo atacar la evasión y la elusión, pero a la Asamblea Legislativa no la llamaron para esto, por eso no se refirió a estos temas que no le son desconocidos.

El Ministro de Comunicación, Juan Carlos Mendoza, está haciendo lo propio. Junto con el Ministro de la Presidencia, son como dos alfiles del Presidente, lo cubren y hablan lo correspondiente, dejándole al Presidente algunos temas que él mismo escoge. Ambos juegan bien su papel, y “protegen”, “blindan” al Presidente, que ha mantenido discreción en su protagonismo. Al menos pareciera que el Presidente no quiere aparentar ni jugar a ser el centro de la mesa, el florero de la mesa o el muerto de la vela. Como el presidente Miguel Ángel Rodríguez, el presidente Alvarado pareciera que está aprendiendo a hablar solo de lo que se le solicita hablar. No tiene que hablar de todo, aunque debe conocer bien la marcha de su gobierno, ni tiene que hablar en otras lenguas, lenguas extrañas o dialectos.

La Ministra de Relaciones Exteriores se ha hecho sentir al menos con su posición, que continúa la de los anteriores gobiernos respecto a Venezuela y Nicaragua. Me parece que ha perdido el norte en cuanto a considerar que todos los embajadores deben ser de carrera diplomática. Creo que ningún país del mundo tiene ese nivel de profesionalización. Los embajadores, por su condición, son representantes políticos del Presidente y del Gobierno de la República, y como tales el Presidente y su Ministra, en este caso, deben evaluar cuál es la persona idónea para representar sus intereses y los nacionales en otros países. Se pueden tomar obviamente embajadores experimentados, de muchos años, pero no necesariamente todos. Ni todos los embajadores deben salir de las escuelas de relaciones internacionales de las universidades o del Instituto Manuel María Peralta. El país todavía no ha llegado a este nivel de perfeccionamiento de su personal de Servicio Exterior.

El Ministro de Educación ha llamado la atención por su presencia física en los colegios y escuelas, con las medidas que ha anunciado para reducir la carga administrativa de los docentes y la eliminación del examen de bachillerato, así como sus opiniones externadas sobre su ateísmo y sobre el suicidio, que han movido la modorra de algunos ciudadanos.

El ministro de Obras Pública, Rodolfo Méndez, como reto ha señalado que si no cumple ciertas metas en un año renunciará. Por ahora han anunciado la apertura del primer trecho de la carretera de Circunvalación Norte.

El Ministro de Seguridad se ha hecho sentir con sus policías en las calles y con su lucha contra el narcotráfico.

Con solo estos ministros a la vista el Gobierno augura buenos pasos, en estos primeros 30 días.

En cuanto al Gobierno del Bicentenario todavía no le veo metas, objetivos, ni programas a desarrollar o lograr con este propósito. Sigue siendo, para mí, en este momento, tan solo una consigna vacía por la coincidencia del Bicentenario de la Independencia, en 2021, con el ejercicio de este gobierno.

Por ahora, un 8 de nota evaluativa para el Gobierno.