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Domingo, 16 de diciembre de 2018



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Los mitos y verdades sobre la presidencia de Donald Trump

Bloomberg | Martes 17 enero, 2017

La transparencia, la verdad y los altos principios éticos no estarán en su mejor momento durante los años de Trump. Bloomberg/La República


Donald J. Trump se convertirá en presidente de Estados Unidos esta semana. Por muy inquietante que resulte esta perspectiva, es mejor abordarla con los ojos abiertos, reconociendo las realidades y descartando los mitos, que incluyen:

Trump es impredecible. Le gusta provocar esta impresión, y es caprichoso y poco convencional. La mayoría de los presidentes electos no atacarían a una actriz de renombre o a un senador republicano. Pero casi nada de lo que ha hecho desde el 8 de noviembre es de verdad impredecible, incluidos sus nombramientos, pronunciamientos políticos (si pueden llamarse como tales) y sus susceptibles salidas de tono contra cualquiera por el que se sienta ofendido.
Va a ser una alegre fachada en Twitter y dejará el gobierno a otros. Esta es una idea tonta. Sin embargo, hay gente de negocios importante e, incluso, republicanos de Washington inteligentes que pintan un escenario en el que el vicepresidente Michael Pence será el director de operaciones de la administración; el portavoz de la cámara, Paul Ryan, dirigirá la agenda nacional y el secretario de Estado, Rex Tillerson, y el secretario de Defensa, James Mattis, quedarán a cargo de la seguridad nacional.
Puede galvanizar el apoyo del público, amenazando a sus oponentes con su supremacía electoral. En primer lugar, no tiene ninguna supremacía. Perdió el voto popular por más de dos puntos, o algo menos de tres millones. La última encuesta, de Gallup, ha revelado que una mayoría del electorado desaprueba la transición de Trump. Asumirá funciones con la calificación más baja de todos los presidentes modernos.
Por otro lado están las realidades. La transparencia, la verdad y los altos principios éticos no estarán en su mejor momento durante los años de Trump.
Trump se ha salido con la suya durante la campaña: ha sido el primer presidente en 40 años que se ha negado a publicar su declaración fiscal. Y sigue utilizando la engañosa excusa de que está siendo auditado por el Servicio de Impuestos Internos.
Esta podría ser la administración menos ética. La negativa del presidente electo a vender los intereses en sus negocios o poner sus activos en un fideicomiso ciego significa que los conflictos de intereses ensombrecerán toda su presidencia.
Además, esta semana pasada, otra vez negó que hubiera ridiculizado nunca a un periodista del New York Times por sus discapacidades físicas. Cualquiera que vea esa grabación de noviembre de 2015 (Trump, moviendo los brazos, burlándose de sus discapacidades) y que haya hablado con el periodista estará convencido al 100% de que sí lo ha hecho. Aun así, sigue mintiendo al respecto.
Odia a la prensa, aunque no es el primer presidente que siente esto. Pero Trump es vengativo y con los amplios poderes del Estado (mucho mayores que en la era Nixon), ¿tendrá una lista de medios de comunicación enemigos a los que intentará perjudicar? Ya ha dedicado amenazas al responsable ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, porque es el propietario del Washington Post.
Algunos de sus nombramientos, sin embargo, son reconfortantes. Por ejemplo: Dan Coats va a ser el nuevo director de inteligencia nacional. Este conservador de Indiana es un hombre de principios que renunciaría antes de condonar actividades ilícitas contra los enemigos de Trump.