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Domingo, 20 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


¡Los grandes contribuyentes!

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 14 diciembre, 2018


Sinceramente

Solo quienes nunca han formado una empresa ni trabajado y sentido la responsabilidad y la angustia de pagar quincena a quincena la planilla, vender todos los días, cobrar lo facturado al crédito, recolectar impuestos, pagarlos a su debido tiempo y generar la mayoría de los periodos fiscales una ganancia, sienten desprecio, odio o animadversión por las grandes empresas de Costa Rica.

Los grandes contribuyentes son aquellas empresas que pagan cerca del 70% de los impuestos del país. Son solo 400 firmas, pero son el espinazo de la industria, la agricultura, el comercio y el sistema financiero de Costa Rica. Son el orgullo bien ganado de los empresarios y de sus trabajadores. Claro está, son la envidia y el disgusto, el resentimiento y el odio acumulado de quienes habrían querido verlas fracasar.

En el país desde hace ya mucho tiempo se desarrolla una campaña en contra de la empresa privada en la que un día sí y otro también se asegura, difamando y calumniando, que los empresarios son todos corruptos, que son unos explotadores y recientemente unos defraudadores fiscales. Solamente personas que no saben nada de lo que es dirigir un negocio ni manejar el riesgo piensan que hacer negocios y ganar siempre es facilísimo. Deberían de intentarlo para que juzguen desde la experiencia y el conocimiento.

Dicen los orientales que a los árboles más altos los golpea siempre más fuertemente el viento. Nada más descriptivo de lo que sufren los grandes negocios que no pueden cambiarse de la noche a la mañana ante los rudos cambios del entorno económico y social de un mercado. Ante procesos de devaluación y pérdidas cambiarias, de inestabilidad en el consumo, de falta de liquidez en los agentes económicos, de competencia foránea y nacional, de contracción de la economía o de lento crecimiento de las ventas y un crecimiento inflacionario de los costos operativos, las empresas grandes son las que más sufren.

Las gentes no comprenden que el 100% de las ganancias de una empresa las genera corrientemente el último 10% de la venta o del ingreso. Algunos lo saben pero dicen ignorarlo. Algunos lo saben pero lo callan. Los enemigos de la empresa no quieren más que desconocerlo para buscar cómo acabar con las firmas.

Cuando se está en el timón del portaviones Queen Elizabeth II y se desea detener el navío, transcurren millas antes de lograr el propósito. Cuando se pilota un bote de motor fuera de borda tan solo se necesitan unos pocos metros. La maniobrabilidad de aquellos pequeños negocios es incomparable a la lentitud y costo de adaptación y de recreación de un gran negocio complejo.

Reinventar el Grupo Nación es cosa tremendamente compleja, pero con mano firme lo han ido logrando. El vender lo suficiente a costos suficientemente bajos y en diversidad enorme de cervezas, leche, refrescos, administrar hoteles y desarrollar regiones de un país y cambiar todo aquello ante las variaciones del entorno es cosa de valientes y así lo han logrado en Florida Ice and Farm Co., firma muy antigua en el país que data del siglo XIX. Nada es fácil, nada es sencillo. Recrear Yamuni de la tienda de avenida central a las hermosas tiendas por departamentos que descentralizadamente atienden a las clases medias en el gran San José ha sido una obra magna de una familia de empresarios fuera de serie. No puedo menos que decir que el Grupo Financiero Improsa ha sido levantado con esfuerzo, sacrificio, visión y trabajo tesonero. Así podría seguir describiendo los milagros empresariales de quienes son hoy parte de los 400 grandes contribuyentes.

Se gana casi siempre, se pierde a veces, se lucha y a pesar de las pérdidas reiteradas que en los negocios muchas veces aquejan a los modelos y servicios empresariales, muchos empresarios “aprietan los dientes”, y de sus recursos y aportes de capital mantienen vivo un negocio tratando de salvar su empresa de la adversidad. Esto no merece más que elogios, no virulentos ataques y descalificaciones.

Se ha publicado en estos días una lista de 131 grandes contribuyentes que en los últimos diez años, en alguna oportunidad no generaron ganancias. Bendito sea que siguen vivos y dando empleo, y pagarán impuestos en cuanto se recuperen y se reinventen. Se ha publicado que 11 empresas en diez años no generaron utilidades ni pagaron impuestos. Estas son sociedades tenedoras de acciones o controladoras, las llamadas “Holdings”, concentradas en empresas diversificadas o grupos financieros. Han buscado desacreditarlas por todos los medios. Por ley no pueden tener gastos ni ingresos, ni generar utilidad y pagar impuestos más que excepcionalmente, porque subieron los valores de las acciones de una subsidiaria en bolsa, o porque se revaluó el colón, por circunstancias excepcionales. Se les ha descalificado e insultado de todas las formas posibles. No es una lista de morosos, no es una lista de defraudadores, jamás han sido malos costarricenses pero han recibido la andanada de la incomprensión y el desfogue de bajas pasiones de muchos.

Hay quienes querrían que los 400 grandes contribuyentes desaparecieran. No lo van a ver. El genio y la actividad empresarial detrás de estos les hará surcar la mar bravía y continuar hasta que amaine la tormenta. Sin perjuicio de ello se ha creado un clima antiempresarial muy adverso y se ha buscado con denuedo acabar con el liderazgo empresarial en Costa Rica.

¿Qué habría sucedido con los efectos de la Ley de Extinción de Dominio si estuviera en vigencia con cosas como esta? Estoy seguro de que los bienes de muchas o todas estas empresas hubieran sido despojados sin más, sin juicio, sin comprobación de la culpabilidad.

Adelante sin descansar. Adelante a todo vapor. Sin receso, sin escuchar las voces adversas del entorno que de manera interesada buscan dañar. Este país requiere los esfuerzos de todas sus empresas y de todos sus capitanes. También requiere que entre todos paguemos conforme a la ley todos nuestros impuestos.

 












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